23 de septiembre de 2012

En el Hotel Simón


Esta semana visitamos el Hotel Simón, posiblemente uno de los establecimientos hosteleros con mas encanto de Sevilla que, tras casi cien años abierto, tiene el incuestionable mérito de haber mantenido su personalidad a pesar de las modas, las tendencias, los adelantos tecnológicos e incluso las ordenanzas municipales
Toda una proeza en los tiempos que corren… 


El Hotel Simón ya estaba en García de Vinuesa cuando aún era conocida por los vecinos más veteranos como calle de la Mar
Antigua mansión señorial del setecientos a la que, seguramente, se entraba por la calle de Bayona, a la que posteriormente daría nombre don Federico Sánchez Bedoya, allí se mudó la franquicia hotelera de los Simón desde la esquina de Velázquez con Rioja cuando se estrenaba el siglo pasado. Y así hasta hoy, que no es poco. 

Fachada a calle García de Vinuesa

Fachada a calle Federico Sánchez Bedoya

Ya desde la misma calle no es difícil caer atrapado por el bellísimo patio que aparece al fondo del zaguán desde el que se accede, un zaguán que podríamos denominar “canónico” atendiendo a las sevillanas maneras: con su cancela de forja, su zócalo de azulejos policromados y un sobrio farol para iluminar los anocheceres. 


Ese patio prometido por el haz de luz que ilumina el zaguán es la base de todo, el motivo del hechizo, el corazón que hace latir al propio Hotel
Típico y tópico patio sevillano enmarcado por blancas columnas de mármol que preside una bella fuente rematada por la fina escultura de una niña de rostro sonriente. 


Frondosas macetas, elegantes sillones de madera, mesitas bajas… un patio donde se vive, donde se charla, donde se descansa o donde, simplemente, se dejan pasar las horas atrapando las briznas de viento que escapan a cielo abierto cuando la montera está descubierta. 


Un patio agradable y coqueto, exquisito, capaz de transportarnos a la Sevilla de nuestros padres y abuelos, esa ciudad esperanzada con la Exposición Iberoamericana que estrenaba puentes y avenidas mientras su cielo era surcado por zeppelines


Fueron esos los mejores tiempos del Hotel Simón y de la ciudad en general, tiempos que en que se servía jamón de Praga y galantinas de perdices a don José Cruz Conde, el Comisario de la Exposición, en el fantástico comedor que como una joya rescatada de la memoria se conserva en una de las antiguas dependencias de la planta baja


Pero no es la única sorpresa que encontramos al transitar las cuidadas dependencias del Hotel Simón
A cada paso sale a nuestro encuentro un detalle, surge una nueva sensación... y no podemos impedir que la mirada se pierda subiendo los peldaños de las escaleras señoriales presididas por un sobrio Descendimiento, o gravitando entre las galerías de planta alta con su carpintería de madera en blanco y sus vidrieras coloreadas, o descansando en la antigua capilla convertida ahora en sala de descanso con su zócalo cerámico y su espectacular lámpara de araña... 

  

Sin duda una visita amena y agradable a un Hotel que ha sabido preservar el sabor de la Sevilla de antaño, esa Sevilla que tantos añoran aunque a la hora de la verdad no hagan nada por conservarla. 




6 comentarios:

  1. Interesantísimo y muy meritorio que sepan guardar la esencia de nuestra ciudad.
    Como siempre gracias por acercarnos a estos lugares.

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  2. Recuerdo haber leído o escuchado que aquí se vestía de torero Manolete cuando toreaba en Sevilla.

    Una vez más, excelente entrada, amigo Sergio.

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    1. No tenía eso controlado Enrique, aunque queda bastante cerca de la Maestranza.
      Un saludo!

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  3. Pues anda que el patio no es un buen sitio para esas tertulias regadas de calma y buenos caldos...

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  4. Manolete se vestía en el Hotel Inglaterra, aunque a sus dueños se les ha olvidado, solo así se entiende que no figure en la vitrina dedicada a sus visitantes ilustres, entre los que si se encuentra el Príncipe de Gales. Antonio Pineda.

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Comentarios: