17 de septiembre de 2012

Arquitectura neomudéjar para la luz de la Catalana


A principios del siglo XX son dos las compañías que luchan por el control del cada vez más pujante mercado energético en la ciudad de Sevilla
Por un lado está la “Sociedad Catalana para el Alumbrado por Gas”, que en 1866 había adquirido la empresa local que hasta entonces llevaba el alumbrado público mediante la tecnología conocida como luz de gas
Su gran y encarnizada rival era “Sevillana de Electricidad”, fundada en 1894 y encargada de suministrar la luz mediante una tecnología más moderna y eficiente: la electricidad.

Subcentral de Sevillana en la calle Feria

Ambas compañías mantenían una durísima pugna que en ocasiones llegaba a trascender incluso el ámbito empresarial; de hecho eran tan frecuentes los enfrentamientos entre faroleros y eléctricos que en el transcurso de una trifulca llegó incluso a morir uno de los primeros. 
Pero el paso de los años y los avances tecnológicos juegan claramente a favor de Sevillana, que al estrenarse la primera década del siglo parece haberle ganado la partida a la empresa de gas
Sin embargo Catalana decide no rendirse tan fácilmente y vender cara su derrota, por lo que, siendo conscientes de que para sobrevivir no quedaba más remedio que dar un giro a la política empresarial mantenida hasta entonces, preparan un golpe de efecto con el que tratarán de renovar completamente su imagen cara a la sociedad sevillana. 
Así por un lado comienzan a producir y vender energía eléctrica, plantando cara abiertamente a su competidora, por lo que incluso cambian el nombre de la empresa que a partir de 1912 pasará a llamarse Compañía Catalana de Gas y Electricidad
Al mismo tiempo, para reafirmar esa imagen renovada, construirán una serie de edificios con los que además de mejorar el servicio intentarán aumentar la sensación de proximidad entre sus clientes. 
Para ello requieren los servicios de dos de los principales arquitectos de la época, Aníbal González y Antonio Arévalo
Aníbal será el encargado de realizar la joya de la corona, el nuevo buque insignia de la compañía, una moderna fábrica que se situará en terrenos de las Huertas del Rosario y de San José, en la moderna barriada de El Porvenir, donde producirá gas y electricidad

Fábrica de la Catalana de Gas y Electricidad, hoy un gimnasio
Imagen: Cultura de Sevilla

Antonio Arévalo por su parte diseñará en puntos estratégicos de la ciudad varias subcentrales eléctricas desde las que será distribuida la nueva energía
Era este señor un tipo cuando menos singular. Extremadamente serio, de carácter hosco y muy introvertido, ni siquiera se sabe donde nació, sus compañeros lo conocían como “el malo” para diferenciarlo de Rafael Arévalo, otro arquitecto sevillano con el que, pese a compartir apellido, no unía ningún tipo de parentesco.
Cargo importante en la Gerencia de Urbanismo desde 1910, cuando lo llama la Compañía Catalana de Gas y Electricidad acababa de terminar la que será su obra mas importante y reconocida: el Laboratorio Municipal de María Auxiliadora

Laboratorio Municipal en Avenida María Auxiliadora

Arévalo domina perfectamente el lenguaje arquitectónico regionalista, y del mismo bebe a la hora de diseñar las subcentrales de “la catalana”
Desarrolladas siempre en dos plantas de altura con fachada de ladrillo visto, presentan un amplio catálogo de elementos propios del estilo neomudéjar: arcos de herradura con parteluz en los ventanales, cornisas de fábrica precedidas por cenefas de azulejos policromados, vidrios de cristal traslúcido de diferentes colores en los huecos, remates de los pretiles con merlones dentados similares a los que coronan, por ejemplo, el antiguo alminar que hoy es la torre de la iglesia de Santa Catalina… 
Las  subcentrales son de los pocos ejemplos de arquitectura seriada que hay en Sevilla, aunque se debe destacar que pese a nacer todas del mismo patrón, Arévalo consigue que cada edificio presente unas características particulares y únicas al integrarlos en el entorno. 
Como vemos, afortunadamente ni él ni "la catalana" escatimaron en detalles a la hora de construir estos edificios que, afortunadamente, en su mayor parte permanecen en pie hoy día sin que, milagrosamente, hayan sufrido muchas alteraciones



La primera subcentral que visitaremos en este recorrido se encuentra en la calle Postigo del Carbón, concretamente en el número 10
Construida entre 1912 y 1914, se restauró hace poco tiempo, siendo utilizada en la actualidad como vivienda
Como podemos ver su fachada es perfectamente simétrica, incluso en las manchas de humedad que suben por el zócalo, presentando tres franjas de huecos con la puerta en el centro. 


También habilitada como vivienda está la antigua subcentral de Pagés del Corro 77, en Triana
Idéntica en su configuración a la de Postigo del Carbón, tampoco presenta mal estado de conservación aunque falte algún merlón del pretil y trozos de la cornisa
En este caso los ventanales se ocultan por persianas de las que asoman macetas y que, curiosamente, no consiguen cubrir el hueco al completo por culpa del arco de herradura diseñado por Arévalo y que deja al descubierto la cristalera traslúcida de colores y palillería en forma de rombo




Damos ahora un salto hasta el 30 de la calle Recaredo, donde encontramos una subcentral mucho más estrecha y sombría, comprimida entre los edificios medianeros
La diferencia de dimensiones con las dos anteriores es palpable, incluso en la separación de los huecos, que sólo serán dos por planta, rompiéndose la simetría
También está habitada y como curiosidad para acceder al interior hay que bajar unos escalones al mantener la antigua cota en que se encontraba la calle cuando fue edificada. 


Posiblemente la subcentral que más alteraciones ha sufrido desde que en 1916 Antonio Arévalo diese por concluidas todas las obras es la que se encuentra en el 118 de la calle San Luis
En planta baja los ladrillos han sido enfoscados y en la superior se han pintado en rojo, dándoles de esta forma un colorido que rompe el carácter sombrío y lúgubre originario. 
También habitadaes también un edificio de reducidas dimensiones presentando dos filas de huecos únicamente. 
La propiedad, además de pintar y enfoscar la fachada, optó por eliminar los merlones dentados del pretil, aunque también es verdad que ha conservado magníficamente las cristaleras de los ventanales y su carpintería. 




Completamente distinta a todas las que hemos visto hasta ahora es la subcentral que encontramos en la calle Carmen, en el barrio de San Vicente
Haciendo esquina con una pequeña barreduela, Arévalo dejó en esta ocasión a un lado la simetría pese a tener longitud suficiente en la fachada para usarla. 
Presenta dos accesos, uno para la zona de servicio eléctrico que aún permanece y otra para la vivienda desarrollada en planta alta y que aún está habitada, como denotan las plantas que aparecen tras las persianas de los ventanales.
Su estado de conservación no es malo, aunque la carpintería y vidrieras de la parte destinada a servicio eléctrico han desaparecido, sustituyéndose por simples ventanas de madera y rejillas



En mucho peor estado se encuentra la subcentral de la calle Arte de la Seda
Aquí de nuevo usará Arévalo la simetría, con un eje central formado por puerta y ventana en nivel superior y dos alas de ventanales en los extremos
En este caso todo indica que no está habitada, manteniendo aún su uso como central eléctrica. Posiblemente eso haya favorecido la dejadez en que se encuentra, observándose incluso nidos de golondrinas en algunos huecos, por no hablar de los muchos ladrillos de la fachada en avanzado estado de deterioro. 





También en malas condiciones encontramos la subcentral de la calle González Cuadrado, aunque el deterioro en esta ocasión viene provocado por los inevitables graffitis
Haciendo esquina con otra pequeña barreduela, presenta dos accesos independientes, uno para la zona eléctrica y otro para la vivienda de planta alta. 
Esto curiosamente provoca que la configuración de la fachada principal tenga una simetría inversa a las que vimos en Pagés del Corro o Postigo del Carbón, con el eje central formado por ventanas y los laterales por puerta y ventana. 


Y finalizamos este recorrido con la más pequeña de las subcentrales, la que se ubica en el 7 de la Avenida de Miraflores, destinada exclusivamente al servicio eléctrico
No está en muy mal estado, aunque en los ventanales han desaparecido las vidrieras y carpintería originales, sustituyéndose por otras mucho mas simples y sin apenas mérito. 




Antes de dar por cerrado este repaso a las subcentrales neomudéjares de "la Catalana", decir que aún construyó Antonio Arévalo dos más, una en el 96 de la calle Luis Montoto y otra en el 4 de Arfe, pero no pudieron escapar a la piqueta y fueron derribadas, la última de ellas recientemente. 
Tampoco tuvo suerte "la Catalana", que pese a los esfuerzos no logra remontar el vuelo y termina finalmente por aceptar su derrota, no teniendo otra salida que arrendar toda su producción a Sevillana además de las mismas subcentrales, situación que aún hoy persiste. 
Y para acabar, a modo de epílogo, tampoco le fue del todo bien a Antonio Arévalo, que pese a su puesto relevante en el Ayuntamiento y al prestigio que consigue con su obra no termina de encajar en la sociedad sevillana
Ciego y consumido por sus terribles luchas internas, muere en 1948 prácticamente olvidado por sus propios compañeros y la ciudad a la que dio lo mejor de su genio creativo.
Sirva este artículo al menos para reivindicar su memoria a través de estos pequeños edificios que forman parte del paisaje urbano de Sevilla desde hace ya casi un siglo.


7 comentarios:

  1. Fantástico, mi enhorabuena.

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  2. Magnífico trabajo, Sergio. Gracias por descubrirnos todos estos detalles.

    Al final, la todopoderosa Sevillana terminó sucumbiendo a otra empresa mayor. La historia se repite con demasiada frecuencia.

    Saludos!

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  3. Un trabajo excelente, mi enhorabuena.

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  4. Muchas gracias por vuestras palabras, todo un placer.

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  5. ¡Qué emoción! Yo nací justo en frente, en el número 185 de la calle Feria... hoy desaparecida.

    Un trabajo extraordinario y muy meritorio, bastante arduo intuyo.

    ¡Enhorabuena!

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  6. Me ha encantado tu artículo. Desconocía el origen de esos edificios, y siempre me habían llamado la atención al ver que había varios similares por la ciudad.
    Enhorabuena!

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  7. Épocas donde las casetillas de la luz, las fábricas y almacenes eran obras de arte; igualito que ahora ;)

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Comentarios: