Hoy se cumplen 200 años de la sublevación de Madrid contra las tropas napoleónicas que finalizaron con los fusilamientos en el Monte del Príncipe Pío. Esta respuesta popular frente al invasor francés marca oficialmente el inicio de la Guerra de la Independencia, uno de los capítulos más interesantes de la historia de España.
En la revuelta madrileña se vivieron episodios heroicos y excepcionales que fueron inmortalizados por artistas de la talla de Francisco de Goya o Benito Pérez Galdós; asimismo, la refriega nos dejó una serie de personajes como los militares Luis Daóiz y Pedro Velarde o de gente corriente como Manuela Malasaña que se dejaron en ella la vida y pasaron desde entonces a engrosar el listado de los grandes héroes patrios.
Al primero de éstos, Luis Daóiz, rinde Sevilla homenaje con una estatua en la Plaza de la Gavidia, justo delante de la casa donde nació (o de la medianera de dicha casa, ya que ahora está allí la Consejería de Justicia).
Pero no fue Daóiz el único gran héroe sevillano muerto en la guerra contra el gabacho. Ni mucho menos; hay dos vecinos de la ciudad que fallecieron a manos de las tropas napoleónicas por luchar contra la ocupación gala, solo que, como siempre, sus nombres prácticamente han sido olvidados a día de hoy.
El 9 de enero de 1811 José González Cuadrado y Bernardo Palacios Maraver fueron ajusticiados por garrote vil en la Plaza de San Francisco por orden del mariscal Soult acusados de conspiración contra el invasor y tras negarse a denunciar a sus compañeros.

Hacía poco menos de un año que las tropas napoleónicas al mando del mariscal francés y con la presencia del mismísimo José Bonaparte (Pepe Botella) habían entrado en la ciudad sin encontrar nada de resistencia en la misma.
El hecho de que Sevilla recibiera a los invasores sin disparar un solo tiro no se debía a que los vecinos estuvieran de acuerdo con la ocupación de la ciudad, ni mucho menos; al contrario, todo fue motivado por el desconcierto de la población ante la actitud de sus gobernantes, que no estuvieron a la altura de los ciudadanos (como diría Julio Iglesias, “La vida sigue igual…”) y huyeron por la Puerta de Triana nada mas divisarse las primeras avanzadillas del ejército napoleónico.
De esta forma, la mañana del jueves 1 de Febrero de 1810 Jean-de-Dieu Soult, duque de Dalmacia, hacía su entrada triunfal por la Puerta de San Fernando para dirigirse al Palacio Arzobispal, donde instaló su residencia oficial.
Se cuenta que había dos cosas en la ciudad que agradaron sobremanera al mariscal: por un lado los dulces que “compraba” en una pastelería de la calle Mateos Gago; pero sobre todo al francés le apasionaban las obras de arte, mostrando especial predilección por los murillos; dicha afición pictórica le convertiría en la persona con la mayor colección privada de cuadros jamás reunida hasta entonces. Lo malo eran los mecanismos que utilizó para reunir dichas colección; en el inventario de obras de arte apiladas en el Alcázar en 1810 se contabilizaron mas de 150 cuadros que habían sido arrancados de iglesias y edificios para su posterior traslado a Francia, muchos de los cuales no han sido nunca restituidos a la ciudad, aunque se encuentren enriqueciendo otros museos y ciudades españolas, caso de la Inmaculada de Murillo (llamada desde entonces Inmaculada de Soult).
Ante las tropelías del mariscal y sus correligionarios (que a ser justo, tampoco es que lo hicieran todo mal) los vecinos de Sevilla, una vez repuestos del golpe que había supuesto la deserción de la Junta Revolucionaria que debía encargarse de plantar cara al invasor, comenzaron a organizarse a escondidas de éste y a conspirar para su expulsión, constituyéndose para ello una asociación llamada “El Secreto Congreso hispalense”, que celebraba sus reuniones en la antigua calle Quebrantahuesos, hoy Orfila.
Uno de los miembros mas activos de esta resistencia sevillana fue José González Cuadrado, un escribano que llevaba destacándose por su antipatía al francés desde 1808 y que, junto al batidor de oro Bernardo Palacios Malaver, estaba urdiendo un plan para levantar en armas al pueblo. Pero los planes de González Cuadrado y Malaver se fueron al traste por culpa de un chivatazo dado por un tal “Pantalones” al sanguinario Miguel Ladrón de Guevara, un afrancesado que ostentaba el cargo de jefe de la policía y que ayudado de un escuadrón de caballería francesa detuvo a los conspiradores en Castilleja de la Cuesta, dirigiéndolos a la Cárcel Real, donde fueron condenados a muerte por un Consejo de Guerra.
Sólo tenían una forma de salvar la vida, y era denunciando a sus compañeros de intrigas, al resto del Secreto Congreso; pero la entereza de ambos se antepuso a sus intereses personales y se negaron por activa y por pasiva a delatar, con lo que fueron definitivamente ejecutados a las 2 de la tarde del 9 de Enero.
Se dice que Malaver pronunció sobre el patíbulo una frase que habría pasado a la posteridad de las grandes citas de la historia si no hubiera tenido la desgracia de ser un batidor de oro sevillano ajusticiado en la Plaza de San Francisco:
- La muerte es grata por no vivir entre la canalla francesa…
Evidentemente, aunque los franceses no dominaran mucho el castellano, la frasecita no les gustó demasiado y ambos amigos no volvieron a salir del patíbulo, quedando sus cadáveres expuestos hasta que los hermanos de la Caridad los trasladaron al Patio de Los Naranjos, donde fueron enterrados en una fosa común.
No fueron los únicos sevillanos ejecutados por los invasores; de hecho la lista de asesinatos atribuidos a las huestes de Soult es bastante extensa (aunque menos que la de obras de arte robadas), pero sin duda fueron los más representativos, a pesar de que hoy día poco o nada se sepa sobre ellos.
Epílogo para los que estén interesados:
- El mariscal Soult, las tropas francesas y la mitad del patrimonio artístico sevillano susceptible de ser transportado abandonaron la ciudad el 27 de Agosto de 1812, tras ser derrotados por la Leal Legión Extremeña del inglés Juan Downie en el Puente de Triana (entonces un puente de barcas).
- Miguel Ladrón de Guevara optó por esconderse en Albaida, pero fue capturado en Junio de 1813, corriendo la misma suerte que González Cuadrado y que Malaver, es decir, siendo ajusticiado por garrote vil en la Plaza de San Francisco. Su cabeza, como escarmiento, fue clavada en una pica en el mismo punto donde detuvo a los dos héroes, siendo retirada por su familia días después.
- La Inmaculada de Soult está expuesta en el Museo del Prado, en Madrid, a pocos metros del monumento que homenajea a los héroes de la Guerra de la Indenpendencia, entre otros, al ilustre militar sevillano Luis Daóiz.
- El hueco de dicha Inmaculada se encuentra en el Hospital de los Venerables, en Sevilla, a pocos metros de una fosa común en el Patio de Los Naranjos donde reposan los restos de José González Cuadrado y Bernardo Palacios Malaver, cuya memoria sólo esta recordada por una triste lápida, una calle y otra inscripción en la iglesia de San Ildefonso. Como se suele decir, nadie es profeta en su tierra. Y en Sevilla menos...