Gracias al amigo Rafael Borondo, que amablemente nos remite estas dos magníficas vistas aéreas, daremos un paseo por una Sevilla no muy lejana en el tiempo aunque algo difícil de reconocer en la actualidad.
En ambas fotografías podemos ver una ciudad en transición, inmersa en una vorágine de transformaciones que cambiarán su imagen para siempre. Huertas y edificios residenciales se entremezclan en un escenario que está sufriendo su consolidación definitiva en suelo urbano después de varias centurias conformando el cinturón de fincas que rodeaban la urbe desde el medievo. Pasado y presente de una Sevilla que trataba de dar respuesta al problema de escasez de vivienda que arrastraba desde principios del siglo XX.
La primera de estas fotografías está tomada aproximadamente a la altura (en sentido real y figurado) de la Avenida de la Cruz Roja. Lo que más llama la atención es el hecho de que esa zona, que hoy podríamos considerar el “término medio” entre el centro histórico y las barriadas periféricas, era en ese momento prácticamente campo. Mas aún si tenemos en cuenta que de la toma de estas imágenes no hace mas de medio siglo, ya que por el estado en que se encuentran las obras de la barriada Pío XII, aún en su primera fase, se pueden fechar en torno a los primeros años 60.
Cuatro son los núcleos residenciales que se observan: por un lado los barrios ya consolidados del Retiro Obrero, “Los Carteros” y el entonces conocido como Barrio Polo, en la bifurcación del antiguo Camino de Miraflores hacia la Casa Cuna y el Manicomio. Por otro, en posición central, una nueva barriada que aún está en su primera fase de construcción: Pío XII.
Alrededor de ellas se sitúan las huertas heredadas del pasado agrícola de la zona, un pasado que, como se refirió anteriormente, estaba llamado a desaparecer.
Sin mas dilación, comenzaremos el primero de estos paseos. Partiendo de la actual Avenida de Miraflores, es decir, entrando en escena por la esquina inferior derecha, lo primero que encontraríamos sería la barriada del Retiro Obrero. Sobre los terrenos de la huerta de La Pintada se había edificado este barrio en los años 30 bajo las órdenes de Antonio Gómez Millán, uno de los arquitectos mas prestigiosos de la época que, influenciado por la corriente regionalista del momento, proyectaba una zona residencial de viviendas unifamiliares de dos plantas con un pequeño jardín delantero junto a cuatro bloques de pisos a mayor altura donde alojaría a las clases menos pudientes, siempre de acuerdo a lo establecido por la entonces vigente Ley del Retiro Obrero.
El nuevo barrio se colocaba a los pies del cada vez mas pujante Camino de Miraflores, auténtico eje vertebrador de la expansión de la ciudad hacia el Norte, en parte gracias a que en sus inmediaciones se concentraba buena parte del tejido industrial de la época, como la Fábrica de Corchos de Armstrong Cork y Cía, cuyas naves dejaríamos a la derecha de seguir subiendo la Avenida.
Una vez pasada dicha fábrica, una de las mas importantes del momento a la que incluso llegaba un ramal del tren, llegaríamos a un edificio que aún se mantiene en pie en nuestros días: el antiguo Cine Pío XII, actualmente ocupado por un bar y un taller mecánico. Lo que no puedo asegurar es que por aquel entonces ya pusieran esas raciones de ortiguillas capaces de transportarnos a Chipiona en cualquier época del año.
Pero bueno, no nos desviemos ni del sentido de la entrada ni del recorrido que nos hemos marcado, entre otras cosas porque a buen seguro nos perderíamos en las huertas de los alrededores: la del Castillo, de San Ignacio, Cisneo Alto, del Carmen…
Como en la actualidad, el Camino de Miraflores, que aún no luciría por esa época el molesto empedrado que hemos padecido hasta hace muy pocos años, se bifurcaba antes de llegar al Colegio de la Salle-Felipe Benito.
En la cuña de dicho cruce se había creado el barrio Polo, actualmente conocido como la Salle, una compleja amalgama de viviendas autoconstruidas por los trabajadores de las fábricas del entorno que hoy día ha cambiado casi por completo gracias a las profundas transformaciones de los últimos años. Pese a todo, aún se mantiene la tipología edificatoria original de viviendas unifamiliares de una o dos plantas en las calles interiores del mismo. Y por supuesto Casa Julián... a buen entendedor…
Siguiendo lo que actualmente sería la Avenida de la Salle podríamos visitar la primitiva sede de Radio Sevilla, en caso de que no pasara desapercibida, ya que estaba dentro de la huerta del Hazo del Castillo; y, para acabar, saciar nuestra sed en la Venta Victoriano, situada justo antes del paso a nivel de la Casa Cuna, también ya en funcionamiento y desde donde se llegaba al Cortijo de Miraflores, uno de los mas importantes y señeros de la ciudad.
Pero no vamos a cruzar el paso a nivel, sino que doblaremos a la izquierda siguiendo la vía del tren que unía San Jerónimo con Santa Justa, fácilmente reconocible por atravesar transversalmente la parte superior de la fotografía, de la que aún hoy día quedan restos del murete de defensa en la actual Avenida Alcalde Manuel del Valle, que precisamente discurre por encima de su antiguo trazado.
Llegaríamos entonces al barrio de Los Carteros, esa mancha de casitas blancas que se observa en la esquina superior izquierda. También es ésta una zona de autoconstrucción que se iniciaba en los años 20 y que en nuestros días, sin que sirva de precedente, todavía mantiene su antiguo entramado urbano a base de calles paralelas conformadas por viviendas unifamiliares adosadas de poca altura y escaso fondo.
Volvamos ahora hacia el punto de partida, aunque en esta ocasión lo haremos “campo a través” por las huertas de Cantalobos, de San Jacinto y del Almés, donde ya se atisban los primeros edificios de la barriada Pío XII, dos bloques paralelos que son difícilmente reconocibles en la Sevilla de hoy día si no tenemos en cuenta la gran cantidad de elementos que faltan a su alrededor, entre otros la misma Ronda, que pasaría entre ambos. 
Sobre los terrenos que ocupaban las huertas del Cangilón, Santa Catalina, Cofradías y del antiguo Lavadero de lanas de los Portales se ubicó esta barriada, cuyo proyecto es encargado al arquitecto Fernando Barquín y Barón, que diseña una zona residencial en la que se albergarán principalmente los trabajadores de las empresas limítrofes y familias procedentes de los cada vez mas escasos corrales de vecinos de la ciudad histórica, inmersos en un irreversible proceso de desaparición. Mi propia familia es una de las muchas que se trasladarán a este nuevo barrio.
En la construcción de las mas de 2000 viviendas que conforman Pío XII intervendrán las 3 empresas del ramo mas importantes del momento: el Real Patronato de Casas Baratas, la Inmobiliaria Real Patronato y DARSA, antecedente de Agromán, asignándose al menos dos fases a cada una. En las fotografías, como ya se ha comentado, las obras están aún en la primera de ellas.
Una de las curiosidades de esta barriada es que junto a los bloques residenciales también estaban proyectadas inicialmente una serie de zonas deportivas y equipamientos que, salvo la iglesia de Santa María de las Flores, fueron desechados por el sobrecoste económico que conllevaban y, por supuesto, por la especulación de sus propietarios, que en algunas ocasiones aguantaron hasta finales de los años 80. Es el caso de la finca que ocupaba el solar donde hoy está el edificio de, entre otros comercios, el Rey de la Cerveza, finca que servidor conoció de niño y donde padeció los picotazos de una especie de pavo-guardián que se dedicaba a espantar a todo el que se acercaba. De hecho me planteo si la vieja casucha aguantó tanto tiempo en pie por el pulso del propietario a la administración o porque nadie tuvo agallas de meterse hasta que no estuvo muerto el dichoso pavo…
Anécdotas aparte, sigamos con el paseo. Además de los dos bloques anteriormente referidos, lo único edificado en ese momento del actual barrio es la zona que delimitan en su parte Norte las calles Margarita y Pensamiento, antiguo camino entre fincas que se mantuvo en la nueva urbanización; por el Oeste no se llegaba aún a la Cruz Roja (Madreselva) sino que se interrumpía en la calle Geranio, completándose ya en la 3ª fase.
Lo que sí está perfectamente definida es una irreconocible calle Conde de Halcón, apenas edificada. Al menos en ese momento, ya que toda la zona Sur, antiguas huertas del Hierro y de la Yesca, estaba empezando a colmatarse, aunque de manera desorganizada y poco planificada. Pese a todo se pueden distinguir los actuales números 1,3 9 y 11 de la calle Almensilla así como el inmueble que hace la esquina de Algámitas con Llerena. 
La segunda imagen estaría tomada sobre lo que hoy sería la Hermandad del Trabajo, entonces huerta de la Era. De nuevo empezaremos nuestro camino por la esquina inferior derecha, donde asoman tímidamente los primeros bloques de la barriada de la Barzola, nacida por los años 30 en un principio sin planificación alguna, aunque posteriormente el Ayuntamiento tomó cartas en el asunto y evitó que ocurriera como en el barrio Polo o en Los Carteros (y muchas otras zonas de Sevilla nacidas al amparo de esta “necesidad” imperiosa de vivienda: Bellavista, Fontanal, Cerro del Águila, Torreblanca…).
Es curioso ver lo que eran las actuales Ronda de Pío XII y la Cruz Roja (tramo de Madreselva), en el caso de la primera ni siquiera delimitada mientras que la segunda se intuye en el camino de albero que se pierde en dirección al Colegio de los Moros, ya entonces en funcionamiento.
Para situarnos correctamente recordemos que falta aún por completarse la barriada de Pío XII en su frente a ambas avenidas, ya que como se comentó anteriormente la calle que se sitúa frente a la Barzola es la actual Geranio.
Siguiendo en la dirección contraria a las agujas del reloj llegaríamos de nuevo a la antigua Huerta de la Yesca, en pleno proceso de autoconstrucción en contraste con la otra huerta de la zona, la del Hierro, aún en pleno rendimiento agrícola.
Al fondo el Retiro Obrero, cuya imagen regionalista contrasta fuertemente con los modernos bloques de Pío XII. La calle Alhelí marcaba la frontera entre ambas barriadas, tan cercanas en el tiempo y diferentes en concepto.
En esa misma “frontera” estuvo el Canódromo de Sevilla, instalaciones que llegaron a estar totalmente construidas aunque nunca se inauguraron por problemas económicos de sus propietarios.
De esta forma llegamos nuevamente al punto de partida de este recorrido fotográfico: el Camino de Miraflores. Como hemos visto, la acera de los impares ya está completamente consolidada por las dos barriadas antes citadas, mientras que en la opuesta podemos ver con mas detalle que la anterior imagen lo que era la inmensa Fábrica de Corcho de Armstrong Cock y Cía, germen de la actual barriada de Santa María de Ordás, cuyas naves monopolizaban todo el frente hacía la avenida. Detrás, una vez mas, huertas: San Francisco, Santa María y del Castillo.
De todas formas intentaremos identificar los pocos elementos que aún persisten en nuestros días. Empezando por lo que sería nuestra izquierda, es decir, a contramano de cómo hoy se circula por la Avenida (de momento, porque como está la cosa lo mismo este mismo fin de semana han cambiado el sentido) se reconoce perfectamente el ya comentado Cine Pío XII. A continuación encontramos el frente de naves de la antigua fábrica que han dado paso a modernos bloques de viviendas, alguno hace muy pocos años, caso del edificio esquina con la calle Filiberto Mira.
Es al final de la imagen donde de nuevo encontramos una serie de inmuebles que aún se mantienen en pie, cuyos bajos están ahora ocupados por los bares Casa Pepe, la Fundición o la Autoescuela Leonesa. También se distingue la calle Manuel Carretero, hoy un callejón residencial sin salida que como vemos en la imagen, en su momento se abría literalmente al campo.
Y ya se nos acaba el paseo. A escasos metros, siempre yendo a contramano por la actual avenida, encontraríamos el cuartel de la Guardia Civil en la esquina con Lamarque de Novoa, e incluso si caminamos un poco mas veríamos la chimenea de la Fábrica de Vidrios de la Trinidad y, quién sabe, algún que otro charco de la ya desecada laguna de los Patos, vulgo Cascagea. Pero claro, ese ya sería otro paseo. Y otra fotografía….