2 de febrero de 2014

El Costurero de la Reina y los Jardines de los Montpensier

Al hablar del Costurero de la Reina me gusta imaginar a una muchacha bellísima y delicada, cualquiera diría que nacida en los pinceles del mismísimo Murillo, que asoma enamorada a las almenillas dentadas de este romántico pabellón.
La mirada la tendría perdida en el horizonte, más allá de la Dehesa de Tablada, en ese punto exacto donde el Río se convierte en una simple línea que se funde con el azul infinito del Cielo.
Sus pensamientos están mucho más cerca, a escasos metros, entre las blancas columnas del templete de la Isleta de los Patos, el estanque donde su amado, el rey Alfonso, le juró amor eterno con el canto de los jilgueros que despedían al Sol antes de ocultarse tras los tejados alfareros de Triana por testigo. 

Y es que la belleza atrae a la belleza, eso es incuestionable.
Sólo así se entiende que la voz popular haya convertido a María de las Mercedes, “princesita hermosa” que primero enamoró a los sevillanos, después a un Rey, más tarde a todo un país y finalmente a la Historia, en Reina de un Costurero que parece sacado de un cuento de hadas, aunque en realidad ni siquiera llegó a conocerlo. 

María de las Mercedes
El Costurero de la Reina


Como todo en la vida, esta historia que luego fue leyenda y hoy tradición, tiene un comienzo que situaremos en 1848, año en que llega a Sevilla una pareja de recién casados: los duques de Montpensier.
Por Orden Real “han salido” de la Corte ya que Isabel, Reina de las pocas Españas que por entonces quedaban y hermana de ella, la infanta María Luisa, no aguanta más las intrigas y conspiraciones de él, Antonio de Orleans, que aspira a hacerse con su trono.
Su nueva residencia en la capital hispalense será el Palacio de San Telmo, un magnífico edificio barroco, antigua sede del colegio de Mareantes, donde siglos atrás estuvo la Inquisición y antes aún labraron sus casas los obispos de Marruecos
Los duques no escatimarán recursos para engrandecerlo y embellecerlo con un único objetivo: que hiciera sombra a los Reales Alcázares, propiedad de los reyes de España, sus grandes rivales.
Y así San Telmo se convertirá en la "Corte Chica", centro de la vida política, cultural, intelectual y social de una ciudad que, como suele pasar, lo mismo agradece la generosidad de los Montpensier que se mofa cruelmente de las intrigas casi enfermizas de don Antonio.     

Jardines de los Montpensier
Palacio de San Telmo

No contento con adquirir únicamente este magnífico Palacio, el duque de Montpensier se hizo con las tres fincas limítrofes: San Diego, la Isabela y el Naranjal, con objeto de construir un inmenso Jardín de ensueño, llegando a alcanzar sus posesiones casi 25 hectáreas
Desde el Cristina hasta Eritaña y desde el Paseo de la Bella Flor, origen de la avenida de la Palmera, hasta el Prado de San Sebastián, el Jardín de los Montpensier se extiende grandioso al Sur de Sevilla, convirtiendo en poco tiempo San Telmo en uno de los grandes referentes palaciegos del momento, aunque no sería fácil.
Y es que salvo San Diego, un antiguo convento franciscano donde el intrépido don Natán Wheterell había implantado a principios de siglo una fábrica de curtidos, el duque había comprado básicamente tres huertas de naranjos y otros árboles frutales sin otra función que su explotación agraria.
Por ello don Antonio hizo venir desde Francia a M. Lecolant, uno de los mejores paisajistas del momento, para que diseñara un Jardín acorde a los gustos románticos de la época. Y vaya si lo hizo.

Juan Talavera
Los Jardines de San Telmo.
Detalle de un plano de Juan Talavera (1890)

Lo primero que hizo Lecolant fue establecer una serie de senderos y caminos sinuosos que se adentraban entre los naranjos, colocando en lugares estratégicos quioscos, pabellones y estanques a modo de pequeños hitos que hicieran agradable el paseo y, por supuesto, lo dotaran de una elegancia sin igual, como nunca se había visto hasta entonces por estas tierras.
Aún podemos disfrutar en nuestros días de algunas de las creaciones de Lecolant, a pesar del paso de las décadas, de los gustos y de los vándalos, como el monte Gurugú, originalmente una cascada y un mirador en el que se excavó el túnel del trenecito de Liliput para la Exposición Iberoamericana.
O el Estanque de los Lotos, donde los Smash dieron en los años setenta el pistoletazo de salida a ese sueño que fue el Rock Andaluz; o la Casa de los Pájaros con su estrella de seis puntas dibujada en azulejo añil.
Y, por supuesto, el Estanque de los Patos, con su romántico templete avanzando entre las aguas donde, según la tradición, pidió la mano el príncipe Alfonso a su prima María de las Mercedes, primogénito de la reina Isabel e hija del archienemigo de ésta, nuestro duque de Montpensier, respectivamente.

Jardines de San Telmo
Casa de los Pájaros, en la Glorieta de Juanita Reina

Por otro lado, las dependencias del antiguo convento de San Diego fueron adaptadas para servir de alojamiento a la vasta nómina de sirvientes del Palacio: doncellas, cocineros, herreros, jardineros, carpinteros y un largo etcétera, contando para ello don Antonio con los servicios de Juan Talavera y de la Vega, uno de los principales arquitectos sevillanos del momento.
Sevillano de la collación del Salvador, este miembro de la Academia de las Bellas Artes es padre de Juan Talavera y Heredia, una de las principales figuras del regionalismo junto a Aníbal González y José Espiau.
Culto y de extraordinaria formación intelectual, era un historicista convencido y pionero en el uso del ladrillo visto, que emplea con maestría en la mayoría de sus creaciones, como por ejemplo la casa de las Hermanas de la Cruz en la calle Doña María Coronel o en la conclusión de las obras de la Real Maestranza.

Palco de la Real Maestranza, cuyas obras concluyó
Juan Talavera de la Vega. Imagen: Wikipedia

En San Telmo, además de las dependencias de los trabajadores, Talavera realizará los trabajos necesarios para dotar de seguridad al inmenso Jardín de casi 25 hectáreas.
Para ello lo rodea con una tapia almenada en algunos tramos con altura suficiente como para evitar indeseables “escaladas” y, sobre todo, resistir las embestidas del Río en época de crecidas. 
Como apoyo a estas medidas de seguridad, sitúa en diversos puntos de los vastos Jardines una serie de edificios de escaso porte donde alojar a los guardas y personal encargado de la vigilancia, destacando entre ellos la llamada Casa de la Torre.
Junto a todas estas obras y en colaboración con otro gran arquitecto de la época, Balbino Marrón, Talavera rehabilita también el propio edificio de San Telmo, transformando el antiguo Colegio de Mareantes en un lujoso Palacio digno de sus distinguidos dueños, los duques de Montpensier, para los que trabajará hasta el final de sus días.

Jardín de los Montpensier
Interior del Palacio de San Telmo en época
de los Montpensier: Salón de las Columnas

Pero volvamos al principio de la entrada, regresemos con nuestra princesa, María de las Mercedes, la “dalia que cuidaba Sevilla en el parque de los Montpensier.
Nada ni nadie pudo romper la promesa del Estanque de los Patos, esa declaración de amor de su primo Alfonso, a pesar de la oposición del duque y de la reina, cuñados y a la vez encarnizados enemigos.
El 23 de Enero de 1878, a las 12 de la mañana, ambos se casaban por todo lo alto en la basílica de Atocha, en Madrid, asistiendo al enlace don Antonio de Orleans, orgulloso padre de la novia, que por aquel entonces se encontraba en el exilio.
Pero la dicha duró poco, muy poco, y cinco meses después un fatídico tifus se llevaba la vida de la joven reina a la temprana edad de 18 años.
Como dice la copla, España vistió de duelo y el Rey no tuvo consuelo... poco más se puede aportar ante estos versos de los maestros León y Quiroga.
Murió María de las Mercedes y nació el mito, no sólo en Sevilla sino en el resto del país, que hizo suya a esta preciosa niña que apenas había empezado a vivir. 

María de las Mercedes
Templete del Estanque de los Patos, donde Alfonso
declaró su amor a María de las Mercedes

Don Antonio, al que no mencionan los romances, sobreviviría a su hija 12 años, falleciendo en 1890 en su finca de Torrebreva, situada en Sanlúcar de Barrameda, donde solía pasar largas temporadas buscando las bondades del clima
Años atrás, al fin, había desistido de sus aspiraciones reales, retirándose de la vida política. Y es que el mundo, su mundo, ese que durante tanto tiempo quiso reinar, estaba tan cambiado que su lucha ya no tenía sentido. 
Y así, si bien nunca llegó conseguir el Trono, al menos pudo morir en paz.
El Palacio de San Telmo con sus espléndidos Jardines quedaron entonces en manos de su viuda, la infanta María Luisa, una enamorada de Sevilla y, fundamental, una mujer muy generosa....

Jardines de San Telmo
Los Montpensier y sus hijos en los Jardines
de San Telmo
- José Roldán Martínez

En 1892 el Ayuntamiento de la ciudad pidió formalmente a la duquesa viuda la cesión de parte de los terrenos de los Jardines para aperturar una calle que prolongara Menéndez y Pelayo hacia el Río. Era ésta una vieja aspiración de la ciudad, sólo que con el duque todas las negociaciones caían en saco roto.
Generosa para con la ciudad que la había acogido y en la que pensaba pasar los años que le quedaran de vida, María Luisa no sólo cede ese espacio, sino que dona el resto de los Jardines hasta Eritaña y la Huerta de la Mariana, donde más tarde levantará Aníbal González la Plaza de América.
Había regalado a la ciudad 18 hectáreas, casi el 70% de sus posesiones.
La calle de nueva planta pasaba por encima de las residencias del servicio, lo que fue el antiguo convento de San Diego, y de algunas edificaciones singulares de los Jardines, como la renombrada Casa de la Torre.
No hubo miramientos: en nombre del progreso todo fue demolido.

Jardines de los Montpensier
Glorieta de San Diego, levantada sobre los restos
del antiguo convento franciscano

Una vez más había que reorganizar los Jardines, o lo que quedaba de ellos, y también una vez más, la última, la duquesa de Montpensier solicitará los servicios del ya anciano arquitecto Juan Talavera, que construye hacia la nueva Avenida una laboriosa verja de fundición que se abrirá mediante un elegante pórtico situado a la altura de lo que hoy es el Pabellón de Perú.
En la esquina de la nueva Avenida con el paseo de la Bella Flor, llamado hoy de las Delicias, situará Talavera un bellísimo edificio de estilo neoislámico al que llamará Pabellón del Ángulo, aunque de siempre fue conocido como Costurero de la Reina.
Y es que la musa popular, sabia musa popular, de inmediato asoció este recoleto pabellón con su niña mimada, María de las Mercedes.
Habían transcurrido 15 años desde su fallecimiento pero nadie la olvidaba. De hecho, estaba tan presente en la memoria de la ciudad que el Costurero fue la excusa perfecta para mantenerla viva eternamente.
Así, algunos la recordaban todos los días al caer la tarde tras las almenas dentadas de la azoteílla, rodeada de sus damas de compañía,  en un intento de atrapar esos últimos rayos de Sol tan beneficiosos para su delicada salud. Y así lo contaron a sus hijos.
Otros, menos imaginativos, decían haberla visto en el jardincillo trasero, entre adelfas y jazmines, entretenida en la costura de algún regalo, un pañuelito de seda suele contarse, que enviar a don Alfonso para que siempre la tuviera presente. 
Y así lo contaron a sus hijos.
Los más románticos, como no podía ser de otra forma, la vieron asomada a esos balconcillos con parteluz que miran al Río suspirando por la llegada de alguna nueva de su amado. Y así lo contaron a sus hijos.

Aún hubo más versiones, más formas de ver y de recordar a la princesita enamorada entre los muros listados en tonos ocres del Costurero, más historias transmitidas de padres a hijos y a nietos... de generación en generación, a través de los tiempos. Más formas, en definitiva, d
e mantener viva a María de las Mercedes en este rinconcito luminoso de Sevilla, de su Sevilla.
La belleza de la Arquitectura se había dado la mano, indisoluble, con la belleza cándida y natural de la Reina más sevillana de forma tal que aún hoy, desafiando al olvido, es recordada por la ciudad que nunca terminó de llorarla.

María de las Mercedes
Cuerpo superior y almenas del Costurero de la Reina

A modo de epílogo, otro paisajista francés, Jean Claude Forestier, llegará en 1911 para dar forma al nuevo Parque que se estaba construyendo en los Jardines palaciegos cedidos a la ciudad por la duquesa.
Forestier no dudará en reutilizar las fuentes, estanques y pabellones que décadas atrás había situado Lecolant entre los naranjales de la huerta de la Isabela.
Este Parque, como no podía ser de otra forma, recibirá el nombre de María Luisa en una muestra de gratitud de Sevilla hacia su benefactora, fallecida en 1897.
En la actualidad una estatua sedente de la infanta preside el Estanque de los Lotos, uno de los muchos rincones mágicos que hoy podemos disfrutar gracias a la generosidad de la madre de María de las Mercedes, la Reina del Costurero.

Parque de María Luisa
Estanque de los Lotos; al fondo, la estatua
sedente de la infanta María Luisa


4 comentarios:

  1. Hola.
    Hace muy poco que he descubierto tu blog y estoy disfrutando muchísimo de él. Voy recorriendo entrada por entrada hacia atrás hasta ponerme al día. Me gusta como cuentas los sucesos, las fotos, todo... enhorabuena por tu buen hacer.
    Saludos.

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  2. Nuevo libro: "MONTPENSIER. BIOGRAFÍA DSE UNA OBSESIÓN", de José Carlos García Rodríguez
    Editorial ALMUZARA, marzo de 2015

    http://grupoalmuzara.com/a/noticia.php?noticia=93&edi=1

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    Edición ilustrada
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    Colección: Memorias y biografías
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