13 de abril de 2013

Historias de la Feria de Abril: Orígenes

A finales del siglo XIII, concretamente en marzo de 1254, Alfonso X de Castilla, el Rey Sabio, concede a los habitantes de Sevilla un privilegio o donadío según el cual les estaba permitido organizar dos ferias de ganado de forma anual: una en Primavera, dentro de lo que el llama “cincuesma”, y otra en el mes de Septiembre, cerca del día de San Miguel
Selladas y concedidas, las dos ferias se celebrarán durante décadas, aunque con el paso del tiempo desaparecerá la primera, subsistiendo únicamente la de San Miguel, que llega al siglo XIX como uno de los principales referentes en lo que a compra y venta de ganado se refiere, aunque no será la única que celebre en la provincia.
Otras dos ferias habían adquirido bastante fama e importancia por esa época, ferias ambas de Primavera, una fecha bastante más propicia que el normalmente tórrido mes de Septiembre en que se montaba el mercado ganadero de San Miguel
Una de ellas tenía lugar en Mairena del Alcor, remontándose según se contaba su antigüedad al siglo XV; la otra, casi inmediata, se celebraba en la siempre bella ciudad de Carmona

Feria de Abril
Carmona en el siglo XIX


En vista del éxito que iban adquiriendo ambos eventos feriales, José María de Ibarra, un industrial vasco del ramo del metal afincado en Sevilla, decide imitarlos e idea un mercado ganadero anual que se celebrará una vez finalizada la Semana Santa.
Corría el año 1846 e Ibarra, junto a otro industrial en esta ocasión de origen catalán, Narciso Bonaplata, prepara el proyecto tras reunirse con los ganaderos y agricultores más importantes, presentándolo acto seguido en el pleno del Cabildo Municipal
Esta futura Feria hispalense, que debería organizarse a las afueras de la Puerta de San Fernando en una inmensa explanada conocida como Prado de San Sebastián, es fantásticamente acogida por los miembros del consistorio aunque algunos, entre los que se contaba el propio alcalde, el conde de Montelirio, manifiestan de forma directa o indirecta varias objeciones
Sin embargo Ibarra parecía tenerlo todo previsto, incluidos los contratiempos, y para justificar el evento no duda en aportar la mismísima Carta de donadío que el rey Alfonso, más de quinientos años antes, había concedido a Sevilla otorgándole el privilegio de celebrar dos Ferias.
Carta que, a la postre, sería fundamental según se desarrollaron los acontecimientos

Andrés Cortés y Aguilar - El Prado de San Sebastián 
Y es que el proyecto de Feria de Ibarra y Bonaplata, tras solventar las reticencias puestas por los mismos miembros del consistorio hispalense ya referidos, encontró la oposición frontal de los representantes de Carmona y Mairena una vez fue mandado a Madrid para obtener su aprobación definitiva por parte del Gobierno de la nación.
Era de esperar: una Feria en Sevilla sin duda eclipsaría y relegaría a un segundo plano los mercados de estas dos ciudades, que protestaron enérgicamente, ralentizando el proceso hasta el punto que el propio José María de Ibarra hubo de desplazarse a la Corte en repetidas ocasiones para defenderlo en persona.
Hombre animoso y difícil de amedrentar, la tozudez de Ibarra obtuvo al fin sus frutos y con fecha 9 de marzo de 1847 el Ministerio de Comercio, tras el visto bueno de la reina Isabel II, otorgaba a Sevilla los permisos necesarios para celebrar una Feria los días 18, 19 y 20 de Abril de cada año. 
La Feria de Abril ya tenía permisos y fecha, aunque la aprobación había tardado tanto que apenas daba ya tiempo a organizarla….

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