13 de noviembre de 2011

Pasaje de Valvanera


Hoy visitaremos el Pasaje de Valvanera, en plena calle San Luis, otro de esos rincones escondidos de la ciudad que merece la pena conocer pese a estar alejado del “sota, caballo, rey” que recomiendan las guías turísticas y esos tópicos costumbristas que tanto gustan por estos lares.

Del Pasaje de Valvanera se escribió mucho y variado en su momento, cuando era un referente en la evolución de la arquitectura popular sevillana e incluso europea. En nuestros días, simplemente, parece abandonado a su suerte.
Para que podamos hacernos una idea de la importancia que llegó a tener traigo a estas líneas la palabras escritas por un entusiasmado Aldo Rossi tras su visita a Sevilla en abril de 1975.

Valvanera,...es una casa y una calle, un puente y un camino, el término pasaje “passaggio”, supera la definición topográfica para significar el paso a una nueva arquitectura donde la gente se encuentre y sea libre, donde la realidad sea la base y el objeto de la imaginación. Valvanera podría ser una novela o una película; para mí es uno de los monumentos de Sevilla

Para aquellos que no conozcan la figura de este arquitecto italiano, estamos hablando de un señor que “cambió el curso de la arquitectura y del urbanismo del último tercio del siglo XX”, un señor de cuya obra y pensamiento han bebido los César Pelli, Jurgen Meyer, Zaha Hadid y demás estrellas rutilantes del diseño que a base de iconos van (o iban) a transformar la imagen de esta ciudad cara al siglo XXI.
Un señor que, tras visitar Sevilla y conocer el Alcázar, la Catedral, el archivo de Indias y demás monumentos, quedó prendado de este rincón de la calle San Luis. Cuando menos curioso, más aún viendo que una parte del mismo hoy en día se cae a pedazos literalmente.
Pero dejemos a Aldo Rossi y, sin mas dilación, vayamos por fin al Pasaje de Valvanera, donde nos adentraremos paso a paso en su historia y en su evolución a lo largo de los años hasta llegar a convertirse en ese espacio que décadas atrás cautivara a la práctica totalidad de arquitectos de la época.


Desde la calle San Luis se accede a Valvanera por un postigo similar al que podríamos encontrar en cualquiera de los corrales de vecinos que han llegado hasta nuestros días o que, por suerte o por desgracia, han desaparecido con el paso del tiempo y esa combinación desastrosa que eran la especulación y la ruina.
No en vano, cuando en 1889 se derriba la inmensa bodega que refiere Álvarez Benavides en su recorrido por la calles sevillanas del novecientos, sobre su solar se levanta una casa de vecinos que seguirá el mismo esquema desarrollado en Sevilla desde el ya lejano siglo XVI para resolver el problema de la vivienda colectiva.
Un esquema que básicamente consistía en un patio alrededor del cual se disponían las viviendas en dos plantas de altura. Al conjunto se entraba por este Postigo, junto al que se abría la puerta de acceso a una casa, la casa-tapón, que hacia también las veces de fachada del edificio a la calle.


Hoy esa puerta está sellada porque la casa-tapón se cae a pedazos, como atestiguan los escombros suspendidos de la red que tapa el patinillo de luces al que daban las estancias interiores.


Al Pasaje en sí nos adentramos por una oscura y lúgubre galería, con humedades y olores cuando menos extraños como los escombros atrapados en la red de la casa-tapón, que invitan a aligerar el paso y que la transición hasta la luz, a lo que fue la corrala, sea lo mas rápida posible.


Así, casi obligados por las circunstancias, llegamos al color, a la vida, al patio, donde Valvanera se nos abre a cielo abierto; dos plantas con galerías rodeando el perímetro, comunicadas por pasarelas con barandillas de las que cuelgan macetas, ropa tendida, en las que apoya la bicicleta, la bombona de butano, la jaula con el canario…


Nada nos haría dudar que estamos en una casa patio, en un corral de vecinos, solo que no hay pared para cerrarla ya que el patio sigue, se adentra en las edificaciones colindantes, continúa e incluso gira 90 grados.
Esa es su particularidad, lo que entusiasmó a Aldo Rossi y demás arquitectos, su singularidad, el matiz que lo hace diferente: Valvanera no es un corral ni una calle, y es ambas cosas a la vez.


El maestro de obras Manuel Martín, por el año 1915, derriba la edificación que cerraba el corral y lo amplía con nuevas construcciones, siempre aumentando el patio, como si excavara en la manzana existente.
Se asume lo anterior, se adapta, se amplía y si es necesario se gira 90 grados, siguiendo el mismo esquema. Así en 1930 la casa de vecinos a la que se entraba por el postigo de la calle San Luis se ha conectado con Relator.


Una nueva calle se había construido a base de las ampliaciones de un corral de vecinos, una nueva calle que se había ido haciendo a sí misma, poco a poco, adaptándose a las necesidades del momento.


Hasta ese momento la arquitectura residencial hispalense se cerraba sobre sí misma, ensimismada, buscando la complicidad del silencio, refugiándose en el patio, en la fuente, ocultando con celo su vida interior.
Valvanera rompe con todo: se abre a Relator, a Sevilla, al que quiera visitarla. Será una calle privada y a la vez pública, una calle con balcones que lo mismo se ofrece al que pasea como se cierra en la intimidad de sus vecinos.


Será lo que cada uno quiera ver, una vuelta de tuerca al corral de vecinos, a su evolución, abriendo además las puertas a las futuras barriadas que, en pocos años, comenzarán a construirse en la periferia de la ciudad.
Un hito en la arquitectura popular sevillana que hoy no solo se ha olvidado, sino que incluso en algunos puntos se está cayendo a pedazos.

5 comentarios:

  1. Cuantas veces he pasado por ahí, he querido entrar, pero no me he atrevido precisamente por el mal estado de la casa tapón. Pero tras leer tu entrada, no dudes que entraré :)

    Lástima de la fachada exterior, si no fuera por su mal estado, otro gallo cantaría ya que parece que el interior está en perfectas condiciones. Supongo que fue uno de tantos edificios que la crisis paralizó ya que estando donde está, cuesta creer que no sea ya un "apartamentos de lujo en pleno centro".

    Saludos!

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  2. Ahora soy vecino del barrio y vivo a unos cien metros de ella. Conozco el pasaje desde muy niño pues allí vivía una tía de mi padre, la Chacha Encarnación, que era recovera del mercado de la calle Feria.
    Posteriormente, en los años finales de sesenta y setenta vivío mi tía Rosario que acudió al cuidado de su tía y se hizo cargo del puesto.
    Aunque lo veo a diario, practicamente, me ha dado alegría verlo en una de tus excelentes entradas.
    Un abrazo

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  3. ¡Hola! pasaba por aquí y me has embriagado con el tipo de entradas que haces en tú blog. Estamos cerca por distancia (Arahal). Muchas veces presumimos de nuestra "Sevilla", con personas como tú, es un orgullo de presumir de Sevilla. Saludos, a partir de ahora tienes una seguidora más.

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  4. Me alegra mucho este artículo. Todavía recuerdo mi alegre sorpresa cuando, hace años, descubrí este tesoro escondido.
    Tu artículo me invita a volver. Espero no sufrir demasiado con el evidente deterioro.

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  5. yo viví allí de niño hasta que me casé y la verdad hace años que no paso por allí, pero al ver estas fotos se me han venido recuerdos a la mente que ya ni siquiera sabia que los tenia......lo que he corrido y jugado en ese pasaje, aunque también hay que admitir que este pasaje servia a los delincuentes de la mala época de la zona pumarejo para dar de esquina a la policía en sus persecuciones, en fin tantas y tantas cosas vividas, en fin siempre sera mi calle aunque ya no viva allí.......

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