10 de septiembre de 2009

El Juego de las Calles de Sevilla

Como parece ser que se ha vuelto a convocar el concurso de graffitis en los contenedores de vidrio, este blog no quiere ser menos y por ello propone un juego inspirado en algunas de las calles donde los artistas urbanos plasmarán sus obras en breve.

De temática parecida al típico Ahorcado, se trata de completar el nombre de la calle oculta en el panel que se ofrece en la fotografía.

El premio será un barrote impoluto del Puente de Triana donde vencedor y familia podrán unirse a la última moda rellenándolo de candados.

01.- Para ir calentando motores, una facilona.

02.- Ahora por partida doble, la misma letra para calle y tienda.

03.- La cosa se complicaría con dos letras, si no fuera por la calle…

04.- No es una calle pero bueno… Eso sí, mas que los azulejos se echa en falta una manita de pintura… vamos, que si a algún graffitero le sobra un poco de spray blanco se puede hacer un apaño.

05.- Más difícil, aquí faltan tres letras, dos de ellas vocales.

06.- Esta tiene de todo. Para ir perdido…

Eso es todo por ahora. Ya saben, un fantástico barrote del Puente de Triana les está esperando...

7 de septiembre de 2009

De Londres, Rota y la selva tropical

La semana pasada el grupo Inditex daba un paso mas en esa colonización del centro comercial de la ciudad que parece estar llevando a cabo. Una nueva tienda de ropa en la calle Rioja se une a los Mango, Zara y compañía que acaparan los edificios comerciales de la que en su momento se vino a llamar Milla de Oro sevillana, aunque entre crisis, obras y peatonalización lo mismo ahora se ha devaluado hasta la plata o el bronce, cualquiera sabe.

Si en nuestros días se siguiera utilizando el mismo criterio que en la Edad Media de dar a la calle el nombre del gremio que habitaba en ella, la zona Sierpes-Tetuán podría llamarse perfectamente barrio de Amancio Ortega o mejor de “Los vendedores de Inditex”, que el hombre parece que no es muy amigo de la popularidad. Con la millonada que debe tener yo tampoco lo sería, la verdad…

Serán los efectos del síndrome post-vacacional, la morriña del salitre chipionero o el verano que parece este año empeñado en quedarse perennemente, pero este apunte de actualidad económica hispalense, que al fin y al cabo me da absolutamente igual, ha vuelto a transportarme al, desgraciadamente, cada vez mas lejano mes de Agosto.

Y es que ya digo, aunque no sea mi intención, estos días cualquier excusa me hace retornar a esas eternas tardes de vagancia y ocio en la playa de Regla, con el faro a mis espaldas y un azul infinito en el horizonte. Casi nada, y eso que uno es de secano…

Mi amigo Jota, motero de Villamartín y chipionero de adopción los meses estivales (mas aún este año de paro forzoso), no es precisamente la versión gaditana de Fidias Fog, aunque hay que reconocer que en eso de pasear allende las fronteras haya hecho sus pinitos.

Entre baño y cerveza (por mi parte, Jota es abstemio practicante), me comentaba que los centros históricos de las ciudades europeas cada vez son mas parecidos entre sí, ya que como en todas se están estableciendo las mismas firmas y empresas que, además, plasman en los edificios donde se asientan su imagen corporativa, se está produciendo una especie de homogeneización de las grandes urbes modernas.

Es decir, que mientras por un lado desaparecen los establecimientos autóctonos y tradicionales que formaban parte de la imagen característica de la ciudad, por otro se instalan nuevos comercios que incorporan elementos comunes con otras capitales. Así uno puede pasear por el centro de Barcelona, de París o de Bruselas y encontrarse una esquina similar a la que aquí hacen Velázquez con Rioja.

Era ésta una de las cosas que le habían llamado la atención en su último viaje a Londres, donde por poner un ejemplo puedes comer, beber y vestirte exactamente igual que si estuvieras en la calle Sierpes. Para que luego los guiris se crean que aquí vamos vestidos de torero por las calles...

Afortunadamente en esa globalización hay de todo, como en botica, y no podía faltar la nota castiza: y es que en plena Neal’s Yard, junto a la casa donde vivieron los Monty Phyton, hay nada mas y nada menos que un azulejo con el escudo de Rota junto a un paisaje de la localidad costera.

El por qué de este homenaje no me lo pregunten; quizás los caballeros de la mesa cuadrada tenían en un lugar preferente de su dieta la urta a la roteña. “No idea”.

Idéntica sensación, o eso creo, deben llevarse los nativos de Guayaquil y otras latitudes ecuatoriales cuando pasean por la calle Alemanes.

Y es que a Sevilla, supongo que haciendo honor a su antigua condición de Puerto de Indias, no le bastaba con tener los mismos Bershka (o como diablos se escriba), McDonald’s y Telepizzas que Dublín, sino que además ha tenido que importar características propias de las ciudades amazónicas. O esa es la explicación que yo le doy a la terraza del EME.

Porque el hecho de que a los mismos pies de la Giralda (fantástico blog por cierto), en el corazón de la zona turística y monumental, en ese espacio protegido por la UNESCO que tanto dio que hablar hace algunas semanas con la Torre Pelli, encontremos un micro-ecosistema de arbustos, macetones e incluso un olivo es, cuando menos, digno de estudio.

Desde mi punto de vista este pequeño vergel (recordemos, en unos de los entornos mas protegidos y cuidados de la ciudad) que separa los veladores del mundanal ruido que se extiende mas allá de los macetones, chirría por todos lados.

En repetidas ocasiones he mostrado mi simpatía por la peatonalización del Centro Histórico y de todo lo peatonalizablemente peatonalizable (el que lo peatonalice buen peatonalizador será) ya que, siempre según mi opinión, restringiendo el tráfico al centro histórico la ciudad gana bastante, aunque por supuesto también existan contras.

Pero claro, que en plena calle Alemanes, junto a la Avenida de la Constitución, estandarte de esta Sevilla peatonalizada y presuntamente moderna, se acote un trozo de calle a favor de un comercio, no le encuentro respuesta. Porque si bien entre veladores y plantas se pueda pasar, ésto no deja de ser un obstáculo para el viandante. Todo ello aderezado con una obra, una cabina de teléfonos y los coches aparcados que, prácticamente, aíslan la terracita.

No tiene sentido ganarle terreno a los coches para cederlo a los peatones (incluso a costa de reducir la accesibilidad de los mismos al centro, uno de los principales contras que le veo al invento) mientras a pocos metros se permite acotar y limitar el tránsito en una zona que, por cierto, sigue estando abierta al tráfico.

Y mas teniendo en cuenta que en esa misma calle, precisamente, hay bares que también tienen veladores de toda la vida sin que hayan supuesto nunca un obstáculo para los transeúntes ni hayan desentonado en ningún momento con el entorno.

Todo ello por no hablar del dineral que se está invirtiendo en pieles sensibles y demás proyectos encaminados a homogeneizar el mobiliario urbano y adecentar el casco histórico mientras se permite en la calle Alemanes la creación de esta miniselva tropical mas cercana a las ruinas de Machu Pichu y la Riviera Maya que al gótico tardío de la catedral.

1 de septiembre de 2009

La calle Pozo

Cuando uno habla de la Sevilla que se fue, de esa Sevilla que vivieron nuestros abuelos y que ya solo es posible recrear en la imaginación de aquellos que aún tengan la capacidad de soñar (cada vez mas escasa en los tiempos que corren), se tiende a evocar los viejos conventos, los suntuosos palacios o los corrales de vecinos que, por motivos, objetivos y emolumentos varios, pasaron a engrosar la tristemente larga lista de ilustres víctimas de la piqueta.
Sin embargo no fue esa la única ciudad que se nos fue, el único de “los cielos que perdimos” pese a las lágrimas de don Joaquín Romero Murube. Al contrario, quizás fue una parte relativamente insignificante en comparación con lo que realmente ha desaparecido.
Y es que hubo una Sevilla anónima, una Sevilla popular, cotidiana, real, una Sevilla que se gustaba en cada esquina, que dejaba su impronta en cada calle, en cada rincón, en cada casa y que, de una manera aún mas silenciosa y generalizada, se marchó para siempre.
Es evidente que no se puede (o no se pudo) conservar el tejido urbano legado por nuestros antepasados en su totalidad. Material y prácticamente habría sido inviable, ya que una ciudad conforme crece tiene nuevas necesidades que hacen prescindibles muchos elementos existentes e imprescindibles otros tantos que aún están por venir.
Una muestra son los ensanches (no todos, con algunos es mejor pasar página…) que se realizaron a principios del siglo XX y gracias a los cuales hoy día podemos disfrutar, por ejemplo, de la Avenida de la Constitución, que se asienta sobre los cimientos de lo que era el Colegio de Santo Tomás o de la Universidad de Santa María de Jesús.
Pero también es verdad que en algunos casos (por no decir la mayoría) pudo haberse hecho mucho mas por mantener el paisaje urbano heredado y evitar que la gran mayoría de calles céntricas dejen en la actualidad esa sensación de que estamos ante una amalgama de estilos contrapuestos y. a veces, incluso incoherentes.

Un claro ejemplo lo tenemos en esta antigua imagen de la calle Pozo sacada del libro “Arquitectura Civil Sevillana”.

Esta calle cuyo nombre, según Félix González de León, proviene de un pozo que se encontraba en una de sus esquinas (antiguamente solía recurrirse con frecuencia a la ley del mínimo esfuerzo) apenas si tiene peso específico no solo en el callejero de la ciudad, sino en el del mismo barrio de la Macarena, donde se encuentra.
Tan solo el
Colegio de la Sagrada Familia, regido por las Hermanas Carmelitas de la Caridad desde 1895, tiene una relativa importancia dentro del paisaje y morfología urbana de esta bocacalle de Relator.
Por lo demás, mas de lo mismo, de lo que hoy día podemos ver en tantas y tantas calles céntricas de la ciudad: un muestrario de fachadas de distintos colores, materiales, huecos y alturas. La Sevilla que heredamos…
Es por ello que, al menos en mi caso, llama la atención ver ve imágenes como ésta, imágenes en la que se puede comprobar que para encontrar un edificio hermoso y de cierta entidad (aunque en la época de la foto estaba ya bastante deteriorado) similar a los que aún podemos ver en el barrio de Santa Cruz o en San Vicente, no hacía falta mas que doblar una esquina de Relator.
Uno siente rabia porque ve que Sevilla era mucho mas que cuatro circuitos turísticos y tres entornos catalogados: “era”, pretérito imperfecto.

En la reconstrucción he intentado ofrecer una idea de lo que sería la calle Pozo en la actualidad si se hubiera mantenido este edificio del siglo XVIII. Ya, por supuesto, no queda nada. El tejaroz sobre la balconada, el cierro del tramo central, la fachada encalada… todo ha dado el relevo a un bloque de viviendas que bien podría estar en el Cerro del Águila o en Leganés.
Y es que al volver la vista atrás muchas veces da pena ver esa senda que nunca se ha de volver a pisar…

12 de agosto de 2009

El Palacio del Conde Luque

De nuevo retomo una sección que últimamente tenía algo abandonada por motivos de diversa y variada índole: las recreaciones virtuales de lugares y rincones que, desgraciadamente, han pasado a engrosar la necrológica de “ilustres desaparecidos” de nuestro callejero.

En esta ocasión esbozo una adaptación al escenario actual de una imagen procedente de la Fototeca de la Universidad en la que se reflejan los últimos tiempos de la casa del Conde Luque, uno de los muchos palacetes que hasta hace pocos años ennoblecían las calles sevillanas.

Era este palacio un edificio exento que se ubicaba en la Plaza de la Magdalena (antiguamente del Pacífico y del General Franco), exactamente en la manzana delimitada por las calles Pedro Campaña, Santa Justa, Murillo y la propia plaza, es decir, donde hoy día se encuentran las tiendas de Springfield o Milano.

Encargado en 1880 por el aristócrata que le dio nombre a Manuel Portillo Navarrete, ocupaba parte del solar de la primitiva iglesia de la Magdalena, un templo neomudéjar levantado en tiempos de Pedro I el Cruel sobre una antigua mezquita y que, como no podía ser de otra forma, había sido derribado por obra y gracia del Mariscal Soult.

El templo ocupaba la zona norte de la actual plaza además de la manzana del edificio que nos ocupa y la del enfrentado, donde hoy está el Corte Inglés de muebles y decoración, esquina a O’Donell.

No debió parecerle muy bien al Consistorio este derribo y en 1817 se empieza a reedificar la iglesia sobre los escombros que habían dejado los franceses, aunque en 1842 se desiste en la empresa y el templo que se estaba levantando es otra vez demolido, trasladándose definitivamente la parroquia a la vecina iglesia del convento de San Pablo, que recientemente había sido exclaustrado. Como vemos, una historia para enmarcar en la que nos detendremos en próximas entradas.

La nueva plaza es otra vez desescombrada (se utiliza para ello a 40 presidiarios de la vecina cárcel del Pópulo) y es definitivamente alineada en 1844 mediante trazas del Arquitecto Municipal Interino, Juan Manuel Caballero, segregándose las dos manzanas antes citadas para su edificación.

Sobre una de ellas, por tanto, crea el Conde Luque su hermoso palacete, un edificio de corte historicista en el que destacaban sus preciosas balconadas y su misterioso halo romántico, como podemos apreciar en la imagen de la izquierda, una de las últimas que se conservan del mismo y que puede estar fechada perfectamente a mediados de los años 60, desapareció en 1966, ya que se encuentra totalmente vallado y protegido, lo que podríamos considerar como paso previo a su demolición.

En segundo plano asoma el edificio Cabo Persianas, recientemente incluido en el Catálogo General de Patrimonio Histórico Andaluz y que curiosamente (que cada cual lo enfoque por donde quiera) suscitó en su momento todo tipo de controversias y debates por su arquitectura racionalista, demasiado moderna para la sociedad sevillana de la época.

Construido en 1938 por Rafael Arévalo y Gabriel Lupiáñez, Cabo Persianas se asienta sobre la demolición de parte del solar de uno de los primitivos edificios que levantara Caballero en 1844. El resto de la parcela fue destinado a ensanche de la calle San Pablo.

En último plano, en lo que hoy sería esquina San Pablo-Méndez Núñez, asoma entre las palmeras (también desaparecidas hoy día del paisaje urbano de la Magdalena) la segunda planta del Hotel Madrid, un establecimiento situado en el antiguo palacio de los Condes de Gelves, la Casa de los Portugales, que fue hasta la construcción del Alfonso XIII el hotel mas lujoso de la ciudad.

Hoy día es una de las sedes del Corte Inglés, aunque para ser exactos deberíamos decir que sobre su parcela se levanta esa sede, porque del Hotel evidentemente no queda nada. Aunque ese “nada” ya suena a tópico….

4 de agosto de 2009

Estampas de Estío

Huyendo del cielo

Ya pasará el veranillo de San Miguel; ya despediremos la calor del membrillo… pero de momento cualquier medida se nos antoja insuficiente para escapar de estas temperaturas inhumanas. Es otra de las paradojas de esta ciudad: todo un año implorando al cielo para renegar del mismo durante estos meses estivales…


"En tiempo de guerra…

….cualquier hoyo es trinchera". O eso debe pensar el gato. Todo vale con tal de combatir el calor del mediodía, y si la fuente no refresca, habrá que meterse en la fuente. Como se suele decir, “si Mahoma no va a la montaña…


Tiempo de cambios

Unos se ponen guapos en la playa y otros aprovechan que la gente está en la playa para ponerse guapos. No es un nuevo mercadillo en Mateos Gago ni tampoco una mudanza: son los dueños de la Fresquita dándole un lavado de cara al mobiliario del bar. La temporada es larga y si no se aprovechan estas fechas…


¿Prohibido el baño?

Un río, una toalla, el termómetro del Cristina sobrepasando los 40 grados y una señal de Prohibido el Baño. Está claro que algo sobra… o mas bien falta, en concreto una manita de pintura azul y, ¡listos para el chapuzón!


Virgen del Carmen

Este año se recuperaba la procesión de la Virgen del Carmen por las aguas del río. Y es que Sevilla no pierde el pulso cofrade ni con alerta naranja. Aunque personalmente no es que me entusiasmara, el acto dejó algunas imágenes preciosas, sobre todo al atardecer.


Semoto

Si no puedes con ellos… únete a ellos. O es lo que debe pensar el dueño del Vespino. Bicicletas, peatones, coches… todos tienen la papeleta resuelta pero, ¿y la moto? Pues nada, reciclando que es gerundio. Y todos contentos.


Cristales rotos

Es el contrapunto a la soledad y tranquilidad que estos días se adueña de las calles de Sevilla. Y es que algunos aprovechan para hacer su Agosto a costa de los pocos que no tienen mas remedio que trabajar en idem. Cuidado donde dejamos el coche…


¿Otra vez prohibido el baño?

También en el estanque de la Buhaira está prohibido bañarse, aunque en este caso no está muy claro si es por motivos de seguridad, por respeto hacia el entorno o por higiene.

De todas formas no creo que haya mucho peligro, ya que la capa de costra que flota en la superficie hace imposible que nadie pueda sumergirse. Al contrario, solo hay que ver las latas que literalmente emergen de las aguas….