24 de septiembre de 2026

El Callejón del Agua: una historia perdida del barrio de la Calzada

Cuando en Sevilla se menciona el Callejón del Agua se nos viene a la cabeza una angosta y bellísima callejuela del barrio de Santa Cruz flanqueada por el viejo muro de los Reales Alcázares y por palacios y bellas casas solariegas en el otro lado.

Pues bien, no hace mucho hubo en Sevilla otro Callejón del Agua, aunque en este caso en el barrio de la Calzada…. o en lo que iba a ser en unas décadas, ya que cuando comienza esta historia era una variopinta amalgama de huertas, acequias y corrales de vecinos.

Reconstruimos este otro Callejón del Agua, que bien podría ser una metáfora de la profundísima transformación del barrio de la Calzada en los últimos cien años: surgió para comunicar la ciudad rural, y desapareció sin dejar huella alguna para dejar paso a las nuevas infraestructuras de la ciudad actual.

POR QUÉ HUBO UN CALLEJÓN DEL AGUA EN LA CALZADA

Para entender el Callejón del Agua hay que olvidar durante un momento la Sevilla actual.

La Calzada fue durante siglos un arrabal extramuros, situado al este de la ciudad, más allá del arroyoTagarete donde se consolidó durante el siglo XVII un conjunto de viviendas cuya estructura se organizaba alrededor de la Calzada de la Cruz del Campo, actual Luis Montoto, y de la vía que hoy corresponde aproximadamente a Campo de los Mártires.

Calzada de la Cruz del Campo a comienzos del siglo XX

Pero antes de convertirse en barrio, aquello había sido esencialmente un conglomerado de fincas y espacios agrícolas; las huertas privadas formaban un cinturón agrícola alrededor de Sevilla y, en el sector oriental, su existencia estaba muy vinculada a la disponibilidad de agua.

Por eso conviene no imaginar nuestro Callejón del Agua como un callejón del casco histórico.

La cartografía describe un camino que, haciendo un recodo, partía de la Plaza del Sacrificio y penetraba en la zona agrícola de la Calzada, flanqueado por huertas a ambos lados, para finalizar en la Huerta de San José, ubicada en el entorno de la actual la estación de Santa Justa.

Plano de la Zona de Ensanche de Sevilla
Instituto Geográfico y Catastral
Año 1928

LOS CAÑOS DE CARMONA Y EL AGUA DE LAS HUERTAS

El gran protagonista hidráulico de la Sevilla oriental era el sistema de los Caños de Carmona, un acueducto que llevaba a la ciudad aguas procedentes del manantial de Santa Lucía, en el municipio de Alcalá de Guadaira, y entraba en la ciudad por la zona de la Puerta de Carmona tras atravesar el sector de la Cruz del Campo y la actual Luis Montoto.

El agua no era un elemento ornamental: era la condición material para que existieran jardines y huertas, y la documentación histórica recoge usos y derivaciones relacionadas con ellos, contexto en que se encuadra nuestro Callejón del Agua.

Caños de Carmona a comienzos del siglo XX

EL INICIO: LA PLAZA DEL SACRIFICIO

Ya metidos en nuestro Callejón, comenzaba en un lugar cargado de historia y leyendas, a pesar de su entorno rural: la Plaza del Sacrificio.

Esta plaza se formó a finales del siglo XVII y su nombre procede de una piadosa tradición que situaba allí un monasterio godo en el que sufrieron martirio el abad Félix y otros cincuenta monjes en tiempos de la invasión musulmana de Sevilla.

Durante mucho tiempo estuvo en el límite entre la Sevilla edificada y el paisaje de huertas, caminos y construcciones populares de la Calzada, hasta que llegó la Exposición Iberoamericana de 1929, cuando como casi el resto de la ciudad sufrió una transformación radical al levantar José Espiau y Muñoz el Gran Garage Hotel, inaugurado el 17 de abril de 1929.

Fue este Garaje Hotel un edificio vanguardista, muy avanzado para su época, concebido para los visitantes que llegaban en automóvil con sus vehículos que eran también “alojados” en el propio establecimiento; de hecho era una arquitectura más propia de los Estados Unidos, con sus clásicos Moteles de carretera, que de estas latitudes, no en vano apenas hay en España establecimientos de este tipo.

El Gran Garaje Hotel, un edificio vanguardista de José Espiau

Tras la Exposición, el hotel fue transformado en cuartel de la Guardia Civil, función que mantuvo durante décadas, siendo nuestro callejón del Agua una de sus vías de acceso.

Lo importante para esta historia es que aquí terminaba la ciudad compacta, comenzaba esa Sevilla mitad arrabal, mitad campo, y nuestro camino se abría paso entre construcciones modestas y grandes fincas agrícolas.

LAS HUERTAS QUE ATRAVESABA

La cartografía y el Diccionario Histórico de las Calles de Sevilla permiten identificar una sucesión de fincas a lo largo del corredor: Huerta de Berni, Huerta del Cigarrero, Huerta de los Ciegos y Huerta de los Muertos en uno de los lados; Huerta de San Benito y Huerta del Bosque en el otro, para morir en la Huerta de San José.

No eran simples nombres escritos sobre un plano. Eran propiedades con cultivos, dependencias, casas, pozos, trabajadores y límites que todavía separaban la ciudad del campo.

Plano de de Ensanches de Sevilla.
Año 1945

HUERTA DE BERNI

Fue probablemente una de las fincas más importantes del sector. 

La documentación urbanística demuestra que estaba en el entorno del Prado de Santa Justa y que de ella se segregó la Huerta de los Ciegos. Con el paso de los años y el proceso de expansión urbana de Sevilla, los terrenos de la antigua finca fueron parcelándose y transformándose, hasta convertirse la huerta de Berni en una mezcla de huertas, villas, viveros, industrias y nuevas calles. Es, en definitiva, un buen ejemplo de cómo una finca agrícola terminó convertida en ciudad.

HUERTA DEL CIGARRERO

Otra de las grandes huertas vinculadas al camino que partía de la Plaza del Sacrificio. 

El origen exacto del nombre sigue sin estar aclarado documentalmente, aunque el topónimo aparece repetidamente en la cartografía y en documentos posteriores. Lo más extraordinario es que todavía en los años sesenta conservaba construcciones rurales, cuando la ciudad ya estaba creciendo aceleradamente a su alrededor. 

Con el tiempo sus terrenos fueron absorbidos por la urbanización y las grandes infraestructuras de la zona de Santa Justa y Kansas City. Sin embargo, el nombre de la Huerta del Cigarrero llegó a sobrevivir en documentación administrativa y registral mucho después de que desapareciera físicamente la huerta.

HUERTA DEL FRANCÉS

Es una de las fincas más misteriosas del conjunto. Sabemos que existía en el entorno del Callejón del Agua y que todavía a comienzos de los años sesenta conservaba construcciones rurales. 

El nombre parece apuntar a algún antiguo propietario o arrendatario de origen francés, pero esa explicación todavía no está documentalmente demostrada. 

Su supervivencia resulta especialmente llamativa porque demuestra que, mientras alrededor crecían viviendas, industrias y nuevas infraestructuras, todavía quedaban en La Calzada auténticos retazos del paisaje agrícola tradicional.

Ortofoto de Sevilla, año 1956.
Trazado del Callejón del Agua entre huertas y fincas

HUERTA DE LOS CIEGOS

Aparece en los planos históricos como Huerta del Ciego, y posteriormente como Huerta de los Ciegos, sabemos que procedía de una segregación de la Huerta de Berni y que se encontraba en las proximidades del actual eje de Luis Montoto y Santa Justa.

Una de las mejores huellas de su existencia es que el topónimo sobrevivió durante mucho tiempo en documentos y referencias registrales, incluso cuando el paisaje agrícola ya había desaparecido. 

Junto a ella se encontraba la Casa Mallén, construida en 1912 por Aníbal González y que hoy constituye uno de los testimonios de aquella antigua periferia.

HUERTA DE LOS MUERTOS

Situada en el entorno del Prado de Santa Justa y la Cruz de los Muertos, su nombre parece relacionado con la antigua toponimia de un espacio marcado por referencias a mártires, muertos y enterramientos, aunque no hemos localizado todavía un documento que explique de forma directa el origen del nombre. 

La documentación del siglo XIX demuestra que en esta zona existían huertos de varias aranzadas, destinados a la agricultura intensiva que rodeaba Sevilla.

HUERTA DE SAN BENITO

Su nombre procede del conjunto de San Benito, que durante siglos fue uno de los puntos de referencia de este sector de La Calzada. La huerta ocupaba una extensión considerable y contribuía a separar los distintos núcleos del arrabal. 

Su transformación es uno de los mejores ejemplos de cómo Sevilla fue sustituyendo las huertas por nuevos usos urbanos, ya que en una segregación de sus terrenos se construyó el modernísimo Garaje Hotel de José Espiau que vimos anteriormente.

HUERTA DEL BOSQUE

Era otra de las grandes fincas agrícolas del entorno del antiguo arrabal de La Calzada. Su nombre aparece en la cartografía y en el callejero histórico, pero el origen exacto del topónimo tampoco está documentado actualmente. 

Como las demás huertas del sector, formaba parte del cinturón agrícola que abastecía a Sevilla. Su final resulta especialmente simbólico: sobre sus terrenos terminó instalándose en los años 20 un almacén de corcho, convirtiendo una antigua huerta en espacio industrial.

HUERTA DE SAN JOSÉ

Era el final del camino y está documentada al menos desde 1827, cuando aparece ya rotulada en el plano de la periferia de Sevilla de Manuel Spínola.

Se encontraba en el entorno de la Cruz del Campo y el Prado de Santa Justa, integrada en la extensa franja agrícola que ocupaba la periferia oriental de Sevilla y tenía incluso su propio camino de acceso: en 1886 aparece documentado el «callejón de la huerta de San José en la Cruz del Campo».

Desconocemos todavía con exactitud cómo era su caserío y qué construcciones concretas albergaba, aunque, como las demás huertas de este sector, debió combinar tierras de cultivo con dependencias agrícolas, arbolado y sistemas de riego.

La progresiva expansión de Sevilla la fue cercando con fábricas, vías férreas, viviendas y nuevos barrios, desapareciendo como huerta durante los años ochenta, cuando quedó definitivamente absorbida por la ciudad.

Ortofoto de 1973. El Callejón del Agua casi ha desaparecido
bajo la avenida Kansas City
y la Huerta de San José también está a punto de hacerlo 

LOS CORRALES DE VECINOS DE LOS ALREDEDORES

Mientras las huertas ocupaban el borde de la ciudad, las viviendas populares se agrupaban también por el sector en corrales de vecinos, otro de los aspectos fundamentales para tener una idea de como era la vieja Calzada.

En el entorno del Callejón de Agua destacaba la actual calle Mallén, entonces plazuela y callejón de la Caridad, donde estaban los corrales del Teatino y de Bernardino; en la antigua Plaza de la Pila Seca estaba el corral de doña Lorenza Ruiz de Zarco y en las cercanías aparecen además hornos, jardines y lavaderos.

La Calzada era, por tanto, un tejido residencial popular incrustado entre huertas, talleres, hornos y establecimientos productivos. No era un barrio separado de su medio rural: era una prolongación del mismo paisaje.

EL CORRAL DEL TEATINO

Estaba situado en el entorno de la actual calle Mallén, en una zona que conservaba entonces parte de la estructura histórica de la Calzada.

La documentación localizada permite afirmar que seguía existiendo en 1952, aunque posteriormente fue derribado y su solar absorbido por la trama urbana de la Calzada que empezaba a el campo por el hormigón.

La Casa Mallén, construida por Aníbal González en 1912.
Fuente: Catalogación de la Obra Residencial
de Aníbal González,
 Noelia Chaves

EL CORRAL DE BERNARDINO

El corral de Bernardino aparece junto al Teatino en la misma descripción de 1952 y en la misma zona de Mallén.

Su presencia demuestra la concentración de vivienda colectiva popular en un eje que todavía estaba muy próximo a huertas, jardines, hornos y lavaderos.

EL CORRAL DE DOÑA LORENZA RUIZ DE ZARCO

Probablemente el más sugestivo de los tres, se encontraba en la antigua Plaza de la Pila Seca.

Las Noticias varias de la collación de San Roque del padre Leandro José de Flores nos dejan una pista especialmente interesante: antes de convertirse en corral, aquel inmueble había sido horno de Juan Ortiz, primer marido de doña Lorenza Ruiz de Zarco.

Muy cerca estaba el llamado Horno de la Cabeza, denominado así porque sobre la puerta, en una hornacina, se mostraba una cabeza de mármol considerada posiblemente un resto romano descubierto en las proximidades.

Así que una pequeña zona de la Calzada podía reunir horno, corral de vecinos, posible pieza arqueológica, pila y huertas a escasos metros.

Es un resumen perfecto de aquella ciudad heterogénea en la que los corrales eran microsociedades: vecinos que compartían agua, lavaderos, patios, enfermedades, celebraciones, discusiones y ayudas. 

Cuando los corrales desaparecieron, la ciudad perdió también esa forma de convivencia cotidiana.

Y TODO EMPIEZA A DESAPARECER: LAS HUERTAS...

Pero “Todo tiene su fin”, que dirían los Medina Azahara, y solo hace falta darse una vuelta por el actual barrio de la Calzada para comprobar que del bucólico y campestre escenario que hemos descrito hoy apenas queda ni el recuerdo...

Empezando por las  huertas, que vieron como la ciudad llegó poco a poco hasta ellas hasta llevárselas por delante.

Ya en los años 20 se había segregado la Huerta de San Benito para construir el Garaje Hotel de la Plaza del Sacrificio y, años después, sobre la Huerta del Bosque apareció un almacén de corcho.

Poco a poco el paisaje rural se llenaba de viviendas, adoquines y asfalto, hasta que no quedó nada.

Las últimas huertas documentadas fueron la Huerta del Cigarrero, absorbida por el crecimiento viario y edificatorio de la zona de Kansas City; la del Francés, que siguió una evolución paralela; y la de San José, que aparece aún como finca agrícola en 1963 antes de quedar igualmente integrada en la ciudad.

Ortofoto actual con el recorrido que tuvo el Callejón del Agua

Y DESAPARECEN LOS CORRALES DE VECINOS...

Los corrales siguieron una suerte semejante: Teatino, Bernardino y el de doña Lorenza Ruiz de Zarco están documentados en 1952, pero pertenecen a la última etapa de la Calzada tradicional.

La riada de 1961, el deterioro de las viviendas, la sustitución edificatoria y la presión inmobiliaria aceleraron su desaparición.

El resultado fue paradójico: es cierto que se eliminaron viviendas consideradas antiguas e insalubres y se construyeron otras más modernas, pero con ellas desapareció también una forma de vida basada en espacios comunitarios y relaciones vecinales densas.

Y CASI DESAPARECE LA PLAZA DEL SACRIFICIO….

El proceso era irreversible, y a finales de los 80 con las grandes operaciones vinculadas a Santa Justa y al ferrocarril, la misma plaza del Sacrificio, cuyo origen se remontaba al siglo XVII, perdió buena parte de su configuración histórica y prácticamente todo el barrio tradicional que la rodeaba fue sustituido.

Así, en nuestros días la Plaza del Sacrificio conserva muy poco de su aspecto histórico; de hecho, puede decirse que su único superviviente es precisamente la fachada del antiguo Garaje Hotel que levantara Espiau, actualmente vinculada a la Fundación Auxilia Sevilla.

La Plaza del Sacrificio en 1990: no queda nada,
salvo la fachada del Gran Garaje Hotel de Espiau

Y DESAPARECE EL CALLEJÓN DEL AGUA

Y, como no podía ser de otra forma, desaparece nuestro Callejón del Agua en un proceso que, como hemos visto, no fue puntual, sino que duró décadas.

El Callejón del Agua de La Calzada no desapareció porque dejara de llevar agua, sino porque desapareció el paisaje rural y periférico al que pertenecía.

Primero desapareció su carácter rural, ya que la expansión urbana empezó a ocupar las huertas que le habían dado vida.

Después quedó atrapado entre infraestructuras, encerrado entre las vías del ferrocarril y la nueva avenida de Kansas City.

Y a puntilla llegó con Santa Justa y la reordenación de La Calzada a finales de los años ochenta y comienzos de los noventa, cuando todo el entorno de la plaza del Sacrificio fue prácticamente eliminado para dar paso a la nueva trama urbana vinculada al trazado ferroviario soterrado.

SU TRAZADO EN LA SEVILLA DE HOY

Hoy el Callejón del Agua no tiene correspondencia exacta con una sola calle moderna. 

La reconstrucción más prudente es entenderlo como un corredor que arrancaba en la Plaza del Sacrificio, recorría el espacio de antiguas huertas prolongándose hacia el entorno del Prado de Santa Justa y la Huerta de San José.

En la Sevilla actual ese corredor ha quedado triturado entre Sacrificio, Mallén, Céfiro, Campo de los Mártires, avenida de Kansas City, la estación de Santa Justa y el corredor ferroviario. No es una equivalencia calle por calle, sino la huella aproximada de un antiguo paisaje lineal que ya no puede recorrerse como tal.

La Plaza del Sacrificio en la actualidad

EL CALLEJÓN QUE SE LLEVÓ LA CIUDAD POR DELANTE

Hay historias urbanas que terminan cuando derriban una casa; ésta termina cuando desaparece todo un paisaje.

Desaparecieron Berni, Ciegos, Cigarrero, Muertos, San Benito y Bosque. Desaparecieron las últimas huertas. Desaparecieron el Teatino, Bernardino y el corral de doña Lorenza. Desaparecieron hornos, patios, jardines y buena parte de la memoria vecinal. Desapareció la Plaza del Sacrificio como espacio reconocible.

Hoy atravesamos esa zona sin sospechar que bajo las avenidas y los edificios hubo durante siglos naranjos, huertas, caminos, patios llenos de vecinos, lavaderos, hornos y pequeñas industrias.

Por eso hemos traído a estas líneas el Callejón del Agua. No porque fuese una gran calle, sino precisamente por lo contrario: porque fue una de esas piezas pequeñas que explican cómo una ciudad se convierte en otra.

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