Cuando en Sevilla se menciona el Callejón del Agua se nos viene a la cabeza una angosta y bellísima callejuela del barrio de Santa Cruz flanqueada por el viejo muro de los Reales Alcázares y por palacios y bellas casas solariegas en el otro lado.
Pues bien, no hace mucho
hubo en Sevilla otro Callejón del Agua, aunque en este caso en el barrio de la
Calzada…. o en lo que iba a ser en unas décadas, ya que cuando comienza esta historia era una variopinta amalgama de huertas, acequias y corrales de vecinos.
Reconstruimos este otro Callejón del Agua, que bien podría ser una metáfora de la
profundísima transformación del barrio de la Calzada en los últimos cien años:
surgió para comunicar la ciudad rural, y desapareció sin dejar huella alguna para
dejar paso a las nuevas infraestructuras de la ciudad actual.
POR QUÉ HUBO UN CALLEJÓN DEL AGUA EN LA CALZADA
Para entender el Callejón
del Agua hay que olvidar durante un momento la Sevilla actual.
La Calzada fue durante
siglos un arrabal extramuros, situado al este de la ciudad, más allá del arroyoTagarete donde se consolidó durante el siglo XVII un conjunto de viviendas cuya
estructura se organizaba alrededor de la Calzada de la Cruz del Campo, actual
Luis Montoto, y de la vía que hoy corresponde aproximadamente a Campo de los
Mártires.
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| Calzada de la Cruz del Campo a comienzos del siglo XX |
Por eso conviene no
imaginar nuestro Callejón del Agua como un callejón del casco histórico.
La cartografía describe
un camino que, haciendo un recodo, partía de la Plaza del Sacrificio y
penetraba en la zona agrícola de la Calzada, flanqueado por huertas a ambos
lados, para finalizar en la Huerta de San José, ubicada en el entorno de la
actual la estación de Santa Justa.
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| Plano de la Zona de Ensanche de Sevilla Instituto Geográfico y Catastral Año 1928 |
LOS CAÑOS DE CARMONA Y EL AGUA DE LAS HUERTAS
El gran protagonista
hidráulico de la Sevilla oriental era el sistema de los Caños de Carmona, un
acueducto que llevaba a la ciudad aguas procedentes del manantial de Santa
Lucía, en el municipio de Alcalá de Guadaira, y entraba en la ciudad por la zona
de la Puerta de Carmona tras atravesar el sector de la Cruz del Campo y la
actual Luis Montoto.
El agua no era un
elemento ornamental: era la condición material para que existieran jardines y
huertas, y la documentación histórica recoge usos y derivaciones relacionadas
con ellos, contexto en que se encuadra nuestro Callejón del Agua.
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| Caños de Carmona a comienzos del siglo XX |
EL INICIO: LA PLAZA DEL SACRIFICIO
Ya metidos en nuestro
Callejón, comenzaba en un lugar cargado de historia y leyendas, a pesar de
su entorno rural: la Plaza del Sacrificio.
Esta plaza se formó a
finales del siglo XVII y su nombre procede de una piadosa tradición que situaba
allí un monasterio godo en el que sufrieron martirio el abad Félix y otros
cincuenta monjes en tiempos de la invasión musulmana de Sevilla.
Durante mucho tiempo
estuvo en el límite entre la Sevilla edificada y el paisaje de huertas,
caminos y construcciones populares de la Calzada, hasta que llegó la Exposición
Iberoamericana de 1929, cuando como casi el resto de la ciudad sufrió una
transformación radical al levantar José Espiau y Muñoz el Gran Garage Hotel,
inaugurado el 17 de abril de 1929.
Fue este Garaje Hotel un
edificio vanguardista, muy avanzado para su época, concebido para los
visitantes que llegaban en automóvil con sus vehículos que eran también “alojados”
en el propio establecimiento; de hecho era una arquitectura más propia de los
Estados Unidos, con sus clásicos Moteles de carretera, que de estas latitudes,
no en vano apenas hay en España establecimientos de este tipo.
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| El Gran Garaje Hotel, un edificio vanguardista de José Espiau |
Lo importante para esta historia es que aquí terminaba la ciudad compacta, comenzaba esa Sevilla mitad arrabal, mitad campo, y nuestro camino se abría paso entre construcciones modestas y grandes fincas agrícolas.
LAS HUERTAS QUE ATRAVESABA
La cartografía y el
Diccionario Histórico de las Calles de Sevilla permiten identificar una
sucesión de fincas a lo largo del corredor: Huerta de Berni, Huerta del
Cigarrero, Huerta de los Ciegos y Huerta de los Muertos en uno de los lados;
Huerta de San Benito y Huerta del Bosque en el otro, para morir en la Huerta de
San José.
No eran simples nombres
escritos sobre un plano. Eran propiedades con cultivos, dependencias, casas,
pozos, trabajadores y límites que todavía separaban la ciudad del campo.
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| Plano de de Ensanches de Sevilla. Año 1945 |
HUERTA DE BERNI
Fue probablemente una de las fincas más importantes del sector.
La documentación urbanística demuestra
que estaba en el entorno del Prado de Santa Justa y que de ella se
segregó la Huerta de los Ciegos. Con el paso de los años y el proceso de
expansión urbana de Sevilla, los terrenos de la antigua finca fueron
parcelándose y transformándose, hasta convertirse la huerta de Berni en una
mezcla de huertas, villas, viveros, industrias y nuevas calles. Es, en
definitiva, un buen ejemplo de cómo una finca agrícola terminó convertida en
ciudad.
HUERTA DEL CIGARRERO
Otra de las grandes huertas vinculadas al camino que partía de la Plaza del Sacrificio.
El origen exacto del nombre sigue sin estar aclarado documentalmente, aunque el topónimo aparece repetidamente en la cartografía y en documentos posteriores. Lo más extraordinario es que todavía en los años sesenta conservaba construcciones rurales, cuando la ciudad ya estaba creciendo aceleradamente a su alrededor.
Con el tiempo sus terrenos fueron absorbidos por la urbanización y las grandes infraestructuras de la zona de Santa Justa y Kansas City. Sin embargo, el nombre de la Huerta del Cigarrero llegó a sobrevivir en documentación administrativa y registral mucho después de que desapareciera físicamente la huerta.
HUERTA DEL FRANCÉS
Es una de las fincas más misteriosas del conjunto. Sabemos que existía en el entorno del Callejón del Agua y que todavía a comienzos de los años sesenta conservaba construcciones rurales.
El nombre parece apuntar a algún antiguo propietario o arrendatario de origen francés, pero esa explicación todavía no está documentalmente demostrada.
Su
supervivencia resulta especialmente llamativa porque demuestra que, mientras
alrededor crecían viviendas, industrias y nuevas infraestructuras, todavía
quedaban en La Calzada auténticos retazos del paisaje agrícola tradicional.
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| Ortofoto de Sevilla, año 1956. Trazado del Callejón del Agua entre huertas y fincas |
HUERTA DE LOS CIEGOS
Aparece en los planos históricos como Huerta del Ciego, y posteriormente como Huerta de los Ciegos, sabemos que procedía de una segregación de la Huerta de Berni y que se encontraba en las proximidades del actual eje de Luis Montoto y Santa Justa.
Una de las mejores huellas de su existencia es que el topónimo sobrevivió durante mucho tiempo en documentos y referencias registrales, incluso cuando el paisaje agrícola ya había desaparecido.
Junto a ella se encontraba la Casa Mallén, construida en 1912 por Aníbal González y que hoy constituye uno de los testimonios de aquella antigua periferia.
HUERTA DE LOS MUERTOS
Situada en el entorno del Prado de Santa Justa y la Cruz de los Muertos, su nombre parece relacionado con la antigua toponimia de un espacio marcado por referencias a mártires, muertos y enterramientos, aunque no hemos localizado todavía un documento que explique de forma directa el origen del nombre.
La documentación del siglo XIX demuestra que en esta zona existían huertos de varias aranzadas, destinados a la agricultura intensiva que rodeaba Sevilla.
HUERTA DE SAN BENITO
Su nombre procede del conjunto de San Benito, que durante siglos fue uno de los puntos de referencia de este sector de La Calzada. La huerta ocupaba una extensión considerable y contribuía a separar los distintos núcleos del arrabal.
Su transformación es uno de los mejores ejemplos de cómo Sevilla fue sustituyendo las huertas por nuevos usos urbanos, ya que en una segregación de sus terrenos se construyó el modernísimo Garaje Hotel de José Espiau que vimos anteriormente.
HUERTA DEL BOSQUE
Era otra de las grandes fincas agrícolas del entorno del antiguo arrabal de La Calzada. Su nombre aparece en la cartografía y en el callejero histórico, pero el origen exacto del topónimo tampoco está documentado actualmente.
Como las demás huertas del sector, formaba parte del cinturón agrícola que abastecía a Sevilla. Su final resulta especialmente simbólico: sobre sus terrenos terminó instalándose en los años 20 un almacén de corcho, convirtiendo una antigua huerta en espacio industrial.
HUERTA DE SAN JOSÉ
Era el final del camino y
está documentada al menos desde 1827, cuando aparece ya rotulada en el
plano de la periferia de Sevilla de Manuel Spínola.
Se encontraba en el
entorno de la Cruz del Campo y el Prado de Santa Justa, integrada en la
extensa franja agrícola que ocupaba la periferia oriental de Sevilla y tenía
incluso su propio camino de acceso: en 1886 aparece documentado el «callejón
de la huerta de San José en la Cruz del Campo».
Desconocemos todavía con
exactitud cómo era su caserío y qué construcciones concretas albergaba, aunque,
como las demás huertas de este sector, debió combinar tierras de cultivo con
dependencias agrícolas, arbolado y sistemas de riego.
La progresiva expansión
de Sevilla la fue cercando con fábricas, vías férreas, viviendas y nuevos
barrios, desapareciendo como huerta durante los años ochenta, cuando
quedó definitivamente absorbida por la ciudad.
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| Ortofoto de 1973. El Callejón del Agua casi ha desaparecido bajo la avenida Kansas City y la Huerta de San José también está a punto de hacerlo |
LOS CORRALES DE VECINOS DE LOS ALREDEDORES
Mientras las huertas
ocupaban el borde de la ciudad, las viviendas populares se agrupaban también por
el sector en corrales de vecinos, otro de los aspectos fundamentales para tener
una idea de como era la vieja Calzada.
En el entorno del
Callejón de Agua destacaba la actual calle Mallén, entonces plazuela y callejón
de la Caridad, donde estaban los corrales del Teatino y de Bernardino; en la
antigua Plaza de la Pila Seca estaba el corral de doña Lorenza Ruiz de Zarco y en
las cercanías aparecen además hornos, jardines y lavaderos.
La Calzada era, por
tanto, un tejido residencial popular incrustado entre huertas, talleres, hornos
y establecimientos productivos. No era un barrio separado de su medio rural:
era una prolongación del mismo paisaje.
EL CORRAL DEL TEATINO
Estaba situado en el
entorno de la actual calle Mallén, en una zona que conservaba entonces parte de
la estructura histórica de la Calzada.
La documentación
localizada permite afirmar que seguía existiendo en 1952, aunque posteriormente
fue derribado y su solar absorbido por la trama urbana de la Calzada que
empezaba a el campo por el hormigón.
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| La Casa Mallén, construida por Aníbal González en 1912. Fuente: Catalogación de la Obra Residencial de Aníbal González, Noelia Chaves |
EL CORRAL DE BERNARDINO
El corral de Bernardino
aparece junto al Teatino en la misma descripción de 1952 y en la misma zona de
Mallén.
Su presencia demuestra la
concentración de vivienda colectiva popular en un eje que todavía estaba muy
próximo a huertas, jardines, hornos y lavaderos.
EL CORRAL DE DOÑA LORENZA RUIZ DE ZARCO
Probablemente el más
sugestivo de los tres, se encontraba en la antigua Plaza de la Pila Seca.
Las Noticias varias de la
collación de San Roque del padre Leandro José de Flores nos dejan una pista
especialmente interesante: antes de convertirse en corral, aquel inmueble había
sido horno de Juan Ortiz, primer marido de doña Lorenza Ruiz de Zarco.
Muy cerca estaba el
llamado Horno de la Cabeza, denominado así porque sobre la puerta, en una
hornacina, se mostraba una cabeza de mármol considerada posiblemente un resto
romano descubierto en las proximidades.
Así que una pequeña zona
de la Calzada podía reunir horno, corral de vecinos, posible pieza
arqueológica, pila y huertas a escasos metros.
Es un resumen perfecto de aquella ciudad heterogénea en la que los corrales eran microsociedades: vecinos que compartían agua, lavaderos, patios, enfermedades, celebraciones, discusiones y ayudas.
Cuando los corrales desaparecieron, la ciudad perdió
también esa forma de convivencia cotidiana.
Y TODO EMPIEZA A DESAPARECER: LAS HUERTAS...
Pero “Todo tiene su fin”,
que dirían los Medina Azahara, y solo hace falta darse una vuelta por el actual
barrio de la Calzada para comprobar que del bucólico y campestre escenario que
hemos descrito hoy apenas queda ni el recuerdo...
Empezando por las huertas, que vieron como la ciudad llegó poco
a poco hasta ellas hasta llevárselas por delante.
Ya en los años 20 se
había segregado la Huerta de San Benito para construir el Garaje Hotel de la
Plaza del Sacrificio y, años después, sobre la Huerta del Bosque
apareció un almacén de corcho.
Poco a poco el paisaje
rural se llenaba de viviendas, adoquines y asfalto, hasta que no quedó nada.
Las últimas huertas
documentadas fueron la Huerta del Cigarrero, absorbida por el crecimiento
viario y edificatorio de la zona de Kansas City; la del Francés, que siguió una
evolución paralela; y la de San José, que aparece aún como finca agrícola en
1963 antes de quedar igualmente integrada en la ciudad.
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| Ortofoto actual con el recorrido que tuvo el Callejón del Agua |
Y DESAPARECEN LOS CORRALES DE VECINOS...
Los corrales siguieron
una suerte semejante: Teatino, Bernardino y el de doña Lorenza Ruiz de Zarco
están documentados en 1952, pero pertenecen a la última etapa de la Calzada
tradicional.
La riada de 1961, el
deterioro de las viviendas, la sustitución edificatoria y la presión
inmobiliaria aceleraron su desaparición.
El resultado fue
paradójico: es cierto que se eliminaron viviendas consideradas antiguas e
insalubres y se construyeron otras más modernas, pero con ellas desapareció
también una forma de vida basada en espacios comunitarios y relaciones
vecinales densas.
Y CASI DESAPARECE LA PLAZA DEL SACRIFICIO….
El proceso era
irreversible, y a finales de los 80 con las grandes operaciones vinculadas a
Santa Justa y al ferrocarril, la misma plaza del Sacrificio, cuyo origen se
remontaba al siglo XVII, perdió buena parte de su configuración histórica y
prácticamente todo el barrio tradicional que la rodeaba fue sustituido.
Así, en nuestros días la
Plaza del Sacrificio conserva muy poco de su aspecto histórico; de hecho, puede
decirse que su único superviviente es precisamente la fachada del antiguo
Garaje Hotel que levantara Espiau, actualmente vinculada a la Fundación Auxilia
Sevilla.
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| La Plaza del Sacrificio en 1990: no queda nada, salvo la fachada del Gran Garaje Hotel de Espiau |
Y DESAPARECE EL CALLEJÓN DEL AGUA
Y, como no podía ser de
otra forma, desaparece nuestro Callejón del Agua en un proceso que, como hemos
visto, no fue puntual, sino que duró décadas.
El Callejón del Agua
de La Calzada no desapareció porque dejara de llevar agua, sino porque desapareció el paisaje rural y
periférico al que pertenecía.
Primero desapareció su
carácter rural, ya que la expansión urbana empezó a ocupar las huertas que le
habían dado vida.
Después quedó atrapado
entre infraestructuras, encerrado entre las vías del ferrocarril y la nueva
avenida de Kansas City.
Y a puntilla llegó con
Santa Justa y la reordenación de La Calzada a finales de los años ochenta y
comienzos de los noventa, cuando todo el entorno de la plaza del Sacrificio fue
prácticamente eliminado para dar paso a la nueva trama urbana vinculada al
trazado ferroviario soterrado.
SU TRAZADO EN LA SEVILLA DE HOY
Hoy el Callejón del Agua
no tiene correspondencia exacta con una sola calle moderna.
La reconstrucción más
prudente es entenderlo como un corredor que arrancaba en la Plaza del
Sacrificio, recorría el espacio de antiguas huertas prolongándose
hacia el entorno del Prado de Santa Justa y la Huerta de San José.
En la Sevilla actual ese
corredor ha quedado triturado entre Sacrificio, Mallén, Céfiro, Campo de los
Mártires, avenida de Kansas City, la estación de Santa Justa y el corredor
ferroviario. No es una equivalencia calle por calle, sino la huella aproximada
de un antiguo paisaje lineal que ya no puede recorrerse como tal.
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| La Plaza del Sacrificio en la actualidad |
EL CALLEJÓN QUE SE LLEVÓ LA CIUDAD POR DELANTE
Hay historias urbanas que
terminan cuando derriban una casa; ésta termina cuando desaparece todo un
paisaje.
Desaparecieron Berni,
Ciegos, Cigarrero, Muertos, San Benito y Bosque. Desaparecieron las últimas
huertas. Desaparecieron el Teatino, Bernardino y el corral de doña Lorenza.
Desaparecieron hornos, patios, jardines y buena parte de la memoria vecinal.
Desapareció la Plaza del Sacrificio como espacio reconocible.
Hoy atravesamos esa zona
sin sospechar que bajo las avenidas y los edificios hubo durante siglos
naranjos, huertas, caminos, patios llenos de vecinos, lavaderos, hornos y
pequeñas industrias.
Por eso hemos traído a
estas líneas el Callejón del Agua. No porque fuese una gran calle, sino precisamente
por lo contrario: porque fue una de esas piezas pequeñas que explican cómo una
ciudad se convierte en otra.
























