8 de septiembre de 2026

Breve Historia del ciclismo en Sevilla: velocípedos, clubes y velódromos desaparecidos

La historia de los primeros ciclistas, clubes y velódromos de Sevilla antes de La Vuelta

 

Sevilla tiene una relación muy particular con su propia memoria: la exhibe con orgullo cuando le conviene y la entierra sin remordimiento cuando ya no da titulares.

El fútbol tiene himnos, el flamenco tiene rutas turísticas, la Semana Santa tiene enciclopedias enteras: el ciclismo sevillano del siglo XIX, en cambio, ha tenido que conformarse con cuatro líneas sueltas en la prensa histórica como antesala de un cordial y educado silencio.

Porque, aunque hoy en día casi no se sepa, cuando Filipinas aún era una provincia española en Sevilla había velocipedistas, clubes ciclistas, carreras, velódromos, excursiones por carretera y hasta una revista dedicada a defender la gloriosa “Velocipedia andaluza”.

Sí, han leído bien.

Mucho antes de que La Vuelta pase con su serpiente multicolor junto al Guadalquivir, aquí ya había hombres dispuestos a jugarse la integridad física sobre dos ruedas en plan Pogacar llegando a Gandía…

Velocipedista por la
Plaza del Triunfo (IA)

El día que Sevilla descubrió el velocípedo

Al más puro estilo Darwin, el origen de la bicicleta moderna es la evolución de un trasto con aire arcaico y mucho menos sofisticado y estético: el velocípedo.

Los antepasados de la espada de Induráin eran aparatos con ruedas enormes, incómodos, caros, con estructuras metálicas aparatosas y una relación bastante mejor con la gravedad que con quien se sentaba encima.. más que para desplazarse, parecían máquinas diseñadas para hacer caer a la gente.

Y, sin embargo, en Sevilla causaron furor. Tanto que a mediados de la década de 1880 el velocípedo ya formaba parte de la nueva cultura urbana y deportiva de la ciudad, y tanto fue creciendo su uso que hacia 1886-1887 aparece documentado el Club Velocipedista de Sevilla, que hacía excursiones, demostraciones públicas, veladas sociales y actividades vinculadas incluso a la Maestranza.

Es decir: mientras media España seguía preguntándose si el velocípedo era una moda pasajera o una amenaza para el orden público, Sevilla ya tenía hasta un calendario de eventos.

Porque aquí, como en tantas cosas, enseguida se entendió lo esencial: el velocípedo nunca fue solo un vehículo, sino que era una excusa perfecta para reunirse, presumir de máquina delante de los vecinos y, ya en la tasca de turno, exagerar lo dura que había sido la ruta mientras alguien servía manzanilla.

Como vemos, hace 150 años ya se practicaba el postureo deportivo mucho antes de que existiera esa palabra.

Antonio Velasco, el velocipedista que salió hacia Córdoba y terminó volviendo en tren

Desde muy prontito los primeros velocipedistas sevillanos querían carretera de verdad…o al menos caminos…

Sin ir más lejos, hay constancia de una expedición de dos socios del club, Castaño y Dalps, en dirección a Córdoba, con parada en Écija para encontrarse con el joven Antonio Velasco.

El resultado fue tan digno como previsible: Velasco llegó a Écija en su velocípedo y, ante el estado lamentable del camino, decidió que la epopeya terminaba ahí y regresó a Sevilla en tren.

Sin asistencia técnica, sin teléfono móvil y, sospechamos, sin nadie esperando en meta con un micrófono para preguntarle cómo se encontraba, el bueno del señor Velasco salió para hacer historia, pero decidió anteponer su integridad física.

Carrera por la plaza de San Francisco (IA)


El velocipedista que se coló en la crónica de una corrida de toros

Más curioso aún es que aparezca uno de estos pioneros del ciclismo en una crónica taurina, exactamente en 1887 durante una corrida en la Maestranza cubierta por el mítico cronista José Rodríguez La Orden, Carrasquilla.

La escena sucede cuando uno de los toros, llamado Tabaquero, salta la barrera siguiendo al banderillero el Bebe. Y aquí aparece un protagonista inesperado: un «señorito velocipedista» que estaba entre el público.

La crónica, escrita en el peculiar lenguaje humorístico de Carrasquilla, cuenta que el toro saltó la barrera y el susto fue tal que el joven velocipedista terminó «zurruscándose en los calzoncillos» mientras se estaba haciendo el nudo de la corbata. El animal volvió a saltar después, esta vez junto a un municipal, y ambos acabaron literalmente frente a frente.

Sea por mera información o sea con segundas intenciones, lo cierto es que el periodista no necesitó explicar qué era un velocipedista: se sobreentendía porque el personaje ya formaba parte del paisaje urbano hispalense, con la misma naturalidad con la que hoy se conoce al pregonero de las Glorias o un futbolista, sin más contexto.

La gente había tardado exactamente cero tiempo en convertir al ciclista en un tipo reconocible, algo que curiosamente hoy no suele suceder… ¿o puede asegurarme usted que el señor que estaba sentado a su lado está mañana mientras tomaba café no era Raúl García Pierna?

Tres clubes rivalizando por las mismas dos ruedas

Pero no nos desviemos y volvamos sobre nuestros pasos.

A finales de la década de 1880, cuando la bicicleta era aún una novedad casi exótica en tres cuartos del mundo conocido, tenía ya Sevilla una sociedad deportiva dedicada a este "sport": la Sociedad Veloz Club de Sevilla, fundada por Pablo Portela, que llegó incluso a construir un velódromo propio en Las Delicias, dentro del terreno conocido como la Huerta del Carmen.

El Veloz Club llegó a reunir 142 socios que pagaban 2,50 pesetas al mes, organizaba carreras con premios en metálico solicitados al Ayuntamiento, y en 1896 lo presidía José Antonio Quijano.

Entre sus deportistas destacó José Quintano, que batió el récord de la vuelta a Cádiz sobre una bicicleta inglesa de la casa Townend de Coventry. Con el tiempo el club evolucionó hasta convertirse en el Sevilla Veloz Club, que en 1929-1930, bajo la presidencia de R. A. Olmedo, organizó junto al Comité de la Exposición Iberoamericana el Gran Premio Ciclista Sevilla-Huelva-Sevilla.

Lo interesante es que no estuvo este club solo mucho tiempo: en 1896 ya competía con el Club Velocipedista de Sevilla, dirigido por José R. de Hoces, y en 1897 se sumó un tercero, el Club Sevillano Ciclista (más tarde Club Ciclista Sevillano), que hacia 1930 tenía su sede en el bar del Sol, en la calle Cabeza del Rey Don Pedro, y estaba presidido por Ángel Martínez Núñez.

Llegaron por tanto a coexistir en la ciudad hasta tres clubes velocipedistas, que además contaban con apellidos de la aristocracia local entre sus socios, como el Duque de Serclaes, el Conde de Torralba o los marqueses de Villaparvés de Jerez de los Caballeros, señal de que pedalear en aquella Sevilla de fin de siglo era también una moda de clase alta.

Aquel fervor por el pedal no se apagó con el nuevo siglo: en 1898 se inauguró un segundo velódromo cerca de Eritaña, en La Palmera, y la afición ciclista de esos primeros clubes acabaría entroncando, ya en plena Exposición Iberoamericana de 1929, con la creación del primer equipo ciclista del Real Betis Balompié.

Así, la historia traza una línea sorprendente: del velódromo decimonónico de la Huerta del Carmen al fútbol que hoy se juega en esos mismos terrenos, pasando por unos aristócratas sevillanos que, sin saberlo, fueron pioneros del deporte de masas.

Velocipedistas en la
Plaza de San Francisco (IA)


Los velódromos que Sevilla olvidó

Aquí viene la parte que probablemente menos esperaba el lector: Sevilla no tuvo simplemente aficionados a la bicicleta… tuvo lugares construidos para que aquellos aficionados corrieran en ella.

El velódromo de la Huerta del Carmen

El primero que merece detenerse a mirar es el de la Huerta del Carmen, en las inmediaciones de la Dehesa de Tablada.

Como se dijo anteriormente, en 1891 ya existe documentación sobre un velódromo utilizado por el Veloz Club y hasta sobre la necesidad de resolver el acceso de vehículos a las instalaciones.

Mientras a finales del XIX las bicicletas todavía podían parecer un capricho tecnológico de señoritos con demasiado tiempo libre, en esta zona ya un sitio donde hacer carreras.

Y, naturalmente, tampoco faltaba el correspondiente papeleo municipal.

Porque una cosa no ha cambiado desde entonces: puede que la tecnología avance, pero siempre habrá alguien estudiando por dónde entra un coche.

Por cierto, aquel solar no era un lugar cualquiera: cuarenta años después, en ese mismo espacio se levantaría el Stadium de la Exposición Iberoamericana de 1929, hoy Benito Villamarín.

Las Delicias

El segundo escenario aparece vinculado a Las Delicias y a la figura de Pablo Portela, uno de los nombres relacionados con los primeros clubes velocipedistas sevillanos.

La importancia de estos espacios no está solamente en que allí pudieran celebrarse carreras. Los velódromos eran también lugares de reunión y exhibición, parte de aquella nueva cultura deportiva que estaba apareciendo en las ciudades españolas.

Eritaña y La Palmera

Las referencias posteriores llevan también hacia el entorno de Eritaña y La Palmera, donde aparece documentada otra instalación velocipedista a finales del siglo XIX, de la que hoy tampoco queda nada.

Porque también existe otra ciudad enterrada bajo la ciudad visible: la de los edificios que desaparecieron, las instituciones que se extinguieron y los lugares que dejaron de existir sin que casi nos diéramos cuenta.

Los velódromos son un ejemplo.

Durante unos años, Sevilla corrió sobre dos ruedas; después, como tantas otras veces, la ciudad siguió avanzando y dejó el recuerdo atrás.

La zona Parque de María Luisa - Avenida de la Palmera (de la Reina Victoria)
antes de 1929, donde se localizaban los velódromos hispalenses.
Curiosamente aparece el Campo Reina Victoria,
donde jugaba sus partidos el FC Sevilla antes de irse a Nervión


Sevilla Ciclista: la revista que defendía la "Velocipedia andaluza"

Pero no podíamos dejar de lado uno de los mejores detalles de toda esta historia.

Nada más y nada menos que una revista nacida en 1898Sevilla Ciclista, autodefinida como "Órgano defensor de la Velocipedia andaluza".

Pero ojo, que no era una publicación cualquiera: era todo un órgano de defensa, como si el destino de la civilización dependiera de proteger a los señores que pedaleaban a orillas del Guadalquivir.

Suena a chiste, y sin embargo con la que está cayendo en algunos debates deportivos actuales, tampoco parece la peor idea que ha tenido nunca el periodismo local.

Antes de la Vuelta ya había en Sevilla carreras ciclistas (o velocipedistas)

Así que, como puede comprobar estimado lector (al final termino viendo la serie de Netflix...) el paralelismo con la actualidad resulta inevitable: hoy hablamos de etapas, equipos, corredores, kilómetros, esprints y retransmisiones... entonces hablaban de carreras, de campeones, de clubes y velocipedistas.

La escala era otra, la tecnología era otra, la sociedad era otra, la misma ciudad era otra, pero el mecanismo era sorprendentemente parecido: en Sevilla ya se hablaba de ciclismo cuando el siglo XIX no había terminado.

Zona de las Delicias en 1881.
El Parque de María Luisa aún forma parte del Jardín de los Montpensier, 
pero en la zona ya se celebraban carreras de velocípedos.


 Y el 9 de septiembre de 2026 vuelve La Vuelta a Sevilla

El 9 de Septiembre llega la Vuelta Ciclista a Sevilla: etapa 17, tendrá 189 kilómetros (si el calor lo permite, claro) en los que se pasará por Dos Hermanas, Los Palacios, Utrera, Morón de la Frontera o Carmona.

Retransmisión para 200 países, una audiencia cercana a los 400 millones de espectadores, un impacto económico de unos 6,7 millones de euros.. cifras astronómicas que seguramente ninguno de esos locos velocipedistas que hacían carreras por Eritaña hace 150 años habrían llegado ni a imaginar…

Pero oye, que tampoco les habría hecho falta: con sus copas de manzanilla, sus viajes en tren y sus corridas de toros seguro que tenían más que suficiente.

Detrás de cada gran acontecimiento siempre hay un pionero, muchas veces un loco, cuya memoria no debería nunca caer en el olvido, y de ahí el homenaje de estas Sevillanadas a esos tipos que hace 150 años desafiaban a la gravedad sobre sus artefactos por las calles de Sevilla.


Quizás también pueda interesarte:

Montpensier, el Rey Naranjero

Kristina, la triste princesa de la Jaula Dorada

La Huerta del Retiro

Las huertas de la Carretera de Pino Montano

¿Te ha parecido interesante? Compártelo