La historia de los primeros ciclistas, clubes y velódromos de Sevilla antes de La Vuelta
Sevilla tiene una relación muy
particular con su propia memoria: la exhibe con orgullo cuando le conviene y la
entierra sin remordimiento cuando ya no da titulares.
El fútbol tiene himnos, el
flamenco tiene rutas turísticas, la Semana Santa tiene enciclopedias enteras: el
ciclismo sevillano del siglo XIX, en cambio, ha tenido que conformarse con
cuatro líneas sueltas en la prensa histórica como antesala de un cordial y
educado silencio.
Porque, aunque hoy en día casi
no se sepa, cuando Filipinas aún era una provincia española en Sevilla había velocipedistas,
clubes ciclistas, carreras, velódromos, excursiones por carretera y hasta una
revista dedicada a defender la gloriosa “Velocipedia andaluza”.
Sí, han leído bien.
Mucho antes de que La Vuelta pase
con su serpiente multicolor junto al Guadalquivir, aquí ya había hombres
dispuestos a jugarse la integridad física sobre dos ruedas en plan Pogacar
llegando a Gandía…
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| Velocipedista por la Plaza del Triunfo (IA) |
El día que Sevilla descubrió el velocípedo
Al más puro estilo Darwin, el
origen de la bicicleta moderna es la evolución de un trasto con aire arcaico y
mucho menos sofisticado y estético: el velocípedo.
Los antepasados de la espada de
Induráin eran aparatos con ruedas enormes, incómodos, caros, con estructuras
metálicas aparatosas y una relación bastante mejor con la gravedad que con
quien se sentaba encima.. más que para desplazarse, parecían máquinas diseñadas
para hacer caer a la gente.
Y, sin embargo, en Sevilla causaron
furor. Tanto que a mediados de la década de 1880 el velocípedo ya formaba parte
de la nueva cultura urbana y deportiva de la ciudad, y tanto fue creciendo su
uso que hacia 1886-1887 aparece documentado el Club Velocipedista de
Sevilla, que hacía excursiones, demostraciones públicas, veladas sociales y
actividades vinculadas incluso a la Maestranza.
Es decir: mientras media España
seguía preguntándose si el velocípedo era una moda pasajera o una amenaza para
el orden público, Sevilla ya tenía hasta un calendario de eventos.
Porque aquí, como en tantas
cosas, enseguida se entendió lo esencial: el velocípedo nunca fue solo un
vehículo, sino que era una excusa perfecta para reunirse, presumir de máquina
delante de los vecinos y, ya en la tasca de turno, exagerar lo dura que había
sido la ruta mientras alguien servía manzanilla.
Como vemos, hace 150 años ya se
practicaba el postureo deportivo mucho antes de que existiera esa palabra.
Antonio Velasco, el velocipedista que salió hacia Córdoba y terminó volviendo en tren
Desde muy prontito los primeros
velocipedistas sevillanos querían carretera de verdad…o al menos caminos…
Sin ir más lejos, hay constancia
de una expedición de dos socios del club, Castaño y Dalps, en dirección a
Córdoba, con parada en Écija para encontrarse con el joven Antonio Velasco.
El resultado fue tan digno como
previsible: Velasco llegó a Écija en su velocípedo y, ante el estado lamentable
del camino, decidió que la epopeya terminaba ahí y regresó a Sevilla en tren.
Sin asistencia técnica, sin
teléfono móvil y, sospechamos, sin nadie esperando en meta con un micrófono
para preguntarle cómo se encontraba, el bueno del señor Velasco salió para
hacer historia, pero decidió anteponer su integridad física.
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| Carrera por la plaza de San Francisco (IA) |
El velocipedista que se coló en la crónica de una corrida de toros
Más curioso aún es que aparezca
uno de estos pioneros del ciclismo en una crónica taurina, exactamente en 1887 durante
una corrida en la Maestranza cubierta por el mítico cronista José Rodríguez La
Orden, Carrasquilla.
La escena sucede cuando uno de
los toros, llamado Tabaquero, salta la barrera siguiendo al banderillero
el Bebe. Y aquí aparece un protagonista inesperado: un «señorito
velocipedista» que estaba entre el público.
La crónica, escrita en el
peculiar lenguaje humorístico de Carrasquilla, cuenta que el toro saltó la
barrera y el susto fue tal que el joven velocipedista terminó «zurruscándose
en los calzoncillos» mientras se estaba haciendo el nudo de la corbata. El
animal volvió a saltar después, esta vez junto a un municipal, y ambos acabaron
literalmente frente a frente.
Sea por mera información o sea
con segundas intenciones, lo cierto es que el periodista no necesitó explicar
qué era un velocipedista: se sobreentendía porque el personaje ya formaba parte
del paisaje urbano hispalense, con la misma naturalidad con la que hoy se conoce
al pregonero de las Glorias o un futbolista, sin más contexto.
La gente había tardado
exactamente cero tiempo en convertir al ciclista en un tipo reconocible, algo
que curiosamente hoy no suele suceder… ¿o puede asegurarme usted que el señor
que estaba sentado a su lado está mañana mientras tomaba café no era Raúl
García Pierna?
Tres clubes rivalizando por las mismas dos ruedas
Pero no nos desviemos y volvamos
sobre nuestros pasos.
A finales de la década de 1880,
cuando la bicicleta era aún una novedad casi exótica en tres cuartos del mundo
conocido, tenía ya Sevilla una sociedad deportiva dedicada a este
"sport": la Sociedad Veloz Club de Sevilla, fundada por Pablo
Portela, que llegó incluso a construir un velódromo propio en Las Delicias,
dentro del terreno conocido como la Huerta del Carmen.
El Veloz Club llegó a reunir 142
socios que pagaban 2,50 pesetas al mes, organizaba carreras con premios en
metálico solicitados al Ayuntamiento, y en 1896 lo presidía José Antonio
Quijano.
Entre sus deportistas destacó
José Quintano, que batió el récord de la vuelta a Cádiz sobre una bicicleta
inglesa de la casa Townend de Coventry. Con el tiempo el club evolucionó hasta
convertirse en el Sevilla Veloz Club, que en 1929-1930, bajo la presidencia de
R. A. Olmedo, organizó junto al Comité de la Exposición Iberoamericana el Gran
Premio Ciclista Sevilla-Huelva-Sevilla.
Lo interesante es que no estuvo
este club solo mucho tiempo: en 1896 ya competía con el Club Velocipedista de
Sevilla, dirigido por José R. de Hoces, y en 1897 se sumó un tercero, el Club
Sevillano Ciclista (más tarde Club Ciclista Sevillano), que hacia 1930 tenía su
sede en el bar del Sol, en la calle Cabeza del Rey Don Pedro, y estaba
presidido por Ángel Martínez Núñez.
Llegaron por tanto a coexistir
en la ciudad hasta tres clubes velocipedistas, que además contaban con
apellidos de la aristocracia local entre sus socios, como el Duque de Serclaes,
el Conde de Torralba o los marqueses de Villaparvés de Jerez de los
Caballeros, señal de que pedalear en aquella Sevilla de fin de siglo era
también una moda de clase alta.
Aquel fervor por el pedal no se
apagó con el nuevo siglo: en 1898 se inauguró un segundo velódromo cerca de
Eritaña, en La Palmera, y la afición ciclista de esos primeros clubes acabaría
entroncando, ya en plena Exposición Iberoamericana de 1929, con la creación del
primer equipo ciclista del Real Betis Balompié.
Así, la historia traza una línea
sorprendente: del velódromo decimonónico de la Huerta del Carmen al fútbol que
hoy se juega en esos mismos terrenos, pasando por unos aristócratas sevillanos
que, sin saberlo, fueron pioneros del deporte de masas.
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| Velocipedistas en la Plaza de San Francisco (IA) |
Los velódromos que Sevilla olvidó
Aquí viene la parte que
probablemente menos esperaba el lector: Sevilla no tuvo simplemente
aficionados a la bicicleta… tuvo lugares construidos para que aquellos
aficionados corrieran en ella.
El velódromo de la Huerta del
Carmen
El primero que merece detenerse
a mirar es el de la Huerta del Carmen, en las inmediaciones de la Dehesa
de Tablada.
Como se dijo anteriormente, en 1891
ya existe documentación sobre un velódromo utilizado por el Veloz Club y hasta
sobre la necesidad de resolver el acceso de vehículos a las instalaciones.
Mientras a finales del XIX las
bicicletas todavía podían parecer un capricho tecnológico de señoritos con
demasiado tiempo libre, en esta zona ya un sitio donde hacer carreras.
Y, naturalmente, tampoco faltaba
el correspondiente papeleo municipal.
Porque una cosa no ha cambiado
desde entonces: puede que la tecnología avance, pero siempre habrá alguien
estudiando por dónde entra un coche.
Por cierto, aquel solar no era
un lugar cualquiera: cuarenta años después, en ese mismo espacio se levantaría
el Stadium de la Exposición Iberoamericana de 1929, hoy Benito Villamarín.
Las Delicias
El segundo escenario aparece
vinculado a Las Delicias y a la figura de Pablo Portela, uno de
los nombres relacionados con los primeros clubes velocipedistas sevillanos.
La importancia de estos espacios
no está solamente en que allí pudieran celebrarse carreras. Los velódromos eran
también lugares de reunión y exhibición, parte de aquella nueva cultura
deportiva que estaba apareciendo en las ciudades españolas.
Eritaña y La Palmera
Las referencias posteriores
llevan también hacia el entorno de Eritaña y La Palmera, donde aparece
documentada otra instalación velocipedista a finales del siglo XIX, de la que
hoy tampoco queda nada.
Porque también existe otra
ciudad enterrada bajo la ciudad visible: la de los edificios que
desaparecieron, las instituciones que se extinguieron y los lugares que dejaron
de existir sin que casi nos diéramos cuenta.
Los velódromos son un ejemplo.
Durante unos años, Sevilla
corrió sobre dos ruedas; después, como tantas otras veces, la ciudad siguió
avanzando y dejó el recuerdo atrás.
Sevilla Ciclista: la revista que defendía la "Velocipedia andaluza"
Pero no podíamos dejar de lado
uno de los mejores detalles de toda esta historia.
Nada más y nada menos que una
revista nacida en 1898: Sevilla Ciclista, autodefinida como "Órgano
defensor de la Velocipedia andaluza".
Pero ojo, que no era una
publicación cualquiera: era todo un órgano de defensa, como si el destino de la
civilización dependiera de proteger a los señores que pedaleaban a orillas del
Guadalquivir.
Suena a chiste, y sin embargo
con la que está cayendo en algunos debates deportivos actuales, tampoco parece
la peor idea que ha tenido nunca el periodismo local.
Antes de la Vuelta ya había en Sevilla carreras ciclistas (o velocipedistas)
Así que, como puede comprobar estimado lector (al final termino viendo la serie de Netflix...) el paralelismo con la actualidad resulta inevitable: hoy hablamos de etapas, equipos, corredores, kilómetros, esprints y retransmisiones... entonces hablaban de carreras, de campeones, de clubes y velocipedistas.
La escala era otra, la tecnología era otra, la sociedad era otra, la misma ciudad era otra, pero el mecanismo era sorprendentemente parecido: en Sevilla ya se hablaba de ciclismo cuando el siglo XIX no había terminado.
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| Zona de las Delicias en 1881. El Parque de María Luisa aún forma parte del Jardín de los Montpensier, pero en la zona ya se celebraban carreras de velocípedos. |
Y el 9 de septiembre de 2026 vuelve La Vuelta a Sevilla
El 9 de Septiembre llega la
Vuelta Ciclista a Sevilla: etapa 17, tendrá 189 kilómetros (si el calor lo
permite, claro) en los que se pasará por Dos Hermanas, Los Palacios, Utrera,
Morón de la Frontera o Carmona.
Retransmisión para 200 países,
una audiencia cercana a los 400 millones de espectadores, un impacto económico de
unos 6,7 millones de euros.. cifras astronómicas que seguramente ninguno de
esos locos velocipedistas que hacían carreras por Eritaña hace 150 años habrían
llegado ni a imaginar…
Pero oye, que tampoco les habría
hecho falta: con sus copas de manzanilla, sus viajes en tren y sus corridas de
toros seguro que tenían más que suficiente.
Detrás de cada gran
acontecimiento siempre hay un pionero, muchas veces un loco, cuya memoria no
debería nunca caer en el olvido, y de ahí el homenaje de estas Sevillanadas a
esos tipos que hace 150 años desafiaban a la gravedad sobre sus artefactos por las
calles de Sevilla.
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