En 1925 se proyectó para el Prado de San Sebastián un rascacielos de unas 24 plantas, con 500 viviendas, comercios, hotel y hasta un cine al aire libre: Mira el Betis.
Se trataba de un
ambicioso proyecto que pretendía introducir la arquitectura de las
grandes metrópolis estadounidenses y que, de haberse ejecutado, habría sido el
edificio más alto de España para la época.
Nunca se construyó, pero
su historia cuenta mucho sobre la ciudad que quiso ser Sevilla y la que
finalmente decidió ser.
![]() |
| Palacio Barolo, en Buenos Aires, uno de los referentes del proyecto Mira el Betis. Fuente: La Nación |
Un rascacielos en el Prado de San Sebastián
Para ponernos en
contexto, Sevilla estaba inmersa en una gran transformación urbanística cara a
la Exposición Iberoamericana de 1929: la ciudad quería modernizarse, atraer
visitantes y proyectar una imagen internacional, y alguien pensó que, además de
pabellones regionalistas, plazas y fachadas históricas, también podía hacerle
falta un edificio digno de Nueva York o Chicago.
Y así, sin contemplaciones, el 16 de abril de 1925 el
ingeniero sevillano Juan Valenzuela y Malo de Molina presentó ante el
Ayuntamiento una propuesta en representación de la sociedad constructora
alemana Saxen & Jochem, con sede en Hamburgo.
La empresa solicitaba una
parcela de entre 10.000 y 15.000 metros cuadrados en el Prado de San Sebastián
para levantar el edificio.
El sitio no era casual: el Prado llevaba desde 1847 siendo recinto ferial,
era terreno público y su futuro llevaba años en el aire. Con la Exposición
Iberoamericana de 1929 a la vuelta de la esquina, había que alojar visitantes y
precisamente estaba bastante cerca el centro neurálgico del recinto.
No se trataba por tanto de ocupar discretamente un solar entre medianeras,
ya que la propuesta aspiraba a transformar uno de los espacios estratégicos de
la expansión de Sevilla hacia el sur.
Una pequeña ciudad de 24 plantas
El edificio habría
alcanzado aproximadamente 24 plantas, con una composición que recordaba a los
grandes rascacielos estadounidenses de las primeras décadas del siglo XX.
Su esquema arquitectónico
era sencillo de explicar, aunque descomunal para la Sevilla de entonces: un
gran cuerpo rectangular de diez plantas y una torre central habitable que se
elevaba otras catorce.
La combinación de un
basamento ancho y una torre vertical concentraba buena parte de la fuerza
visual del proyecto. Desde cerca, el edificio habría presentado una enorme masa
horizontal; desde la distancia, la torre se habría convertido en un nuevo hito del
paisaje urbano.
Pero no era solamente una
cuestión de altura, ya que además traía una idea de arquitectura novedosa
que concentraba viviendas, comercio, alojamiento y ocio en un mismo complejo.
●
Unas 50
tiendas en la zona inferior.
●
Un hotel y un
restaurante.
● Un cine cubierto.
●
Un cine al
aire libre situado, según las descripciones publicadas, en la décima planta.
● Unas 500 viviendas.
●
Ascensores y
servicios técnicos propios de un gran edificio moderno.
La planta comercial debía
contar con espacios de gran altura, mientras que el conjunto incorporaba
instalaciones propias de un edificio de estas dimensiones.
En definitiva, una ciudad
vertical en una Sevilla que discutía cómo debía ser su ciudad horizontal.
![]() |
| El Pittsfield Building de Chicago, otro de los referentes utilizados. Fuente: Rent Cafe |
De Chicago al Prado pasando por Buenos Aires: modernidad con acento alemán
El proyecto miraba hacia
los rascacielos norteamericanos, cuya altura y concentración de usos
simbolizaban el dinamismo de las grandes metrópolis.
Los investigadores Reyes
Abad, Vicente Flores-Alés y José María Calama han señalado su semejanza con el
Pittsfield Building de Chicago, diseñado por Graham, Anderson, Probst and
White.
También se han
establecido comparaciones con otros edificios monumentales internacionales, especialmente
con el Palacio Barolo de Buenos Aires, del italiano Mario Palanti, y con uno de
sus proyectos más controvertidos: la “Mole Littoria”, que nunca llegaría a
construirse por motivos varios, pero que había logrado justificar magistralmente que una ciudad histórica
y de raíces clásicas también podía integrar un coloso de hormigón y vanguardia.
De hecho buena parte de
los discursos que defendían el rascacielos sevillano hacían alusión directa a
este proyecto que Palanti pretendía levantar en la mismísima Roma de Benito Mussolini.
Estas referencias, como podemos comprobar, situaban Mira el Betis en una conversación arquitectónica internacional,
algo bastante alejado del estilo regionalista que en ese momento se construía en Sevilla.
![]() |
| Mole Littoria, otro de los referentes de Mira el Betis, proyectado por Mario Palanti para Roma |
Objetivo: ser más alto que la Giralda
Lo verdaderamente
excepcional era trasladar el modelo de rascacielos a una ciudad cuya imagen urbana estaba
marcada por la Giralda, las torres de las iglesias, los patios, las azoteas y
una arquitectura regionalista que como dijimos atrás vivía uno de sus momentos de mayor
protagonismo.
Precisamente la Giralda
era uno de los grandes puntos de comparación… y a la postre uno de los
argumentos para que no se llegara a ejecutar el proyecto, ya que no había que ser muy astuto para darse cuenta que Mira el Betis representaba un desafío directo al hito arquitectónico por excelencia de
Sevilla, contemplando una altura que la superaría ampliamente, lo que desató un
intenso debate ciudadano y estético.
Mientras unos arquitectos
buscaban reinterpretar la tradición sevillana, otros proponían que la
modernidad también podía expresarse mediante la altura, la densidad y los
nuevos usos urbanos.
Mira el Betis estaba
justo en medio de esa disputa.
Porque “superar” a la
Giralda era uno de los grandes objetivos de muchos de los grandes proyectos que
estaban transformando la ciudad cara a la Exposición Iberoamericana.
El propio Aníbal González, uno de los grandes adalides del regionalismo y la arquitectura
tradicional sevillana, planteó inicialmente que las dos torres de la Plaza de
España la sobrepasaran, aunque más tarde rectificó.
![]() |
| Alzado del proyecto de la Basílica de la Inmaculada Milagrosa de Aníbal González |
También iba a tener más altura que el antiguo minarete almohade las torres de la Basílica de la Inmaculada Milagrosa, que empezó a construir a escasos metros del Prado, en la zona de la Buhaira, y que nunca llegó a terminarse, aunque los restos de su cimentación aún son hoy visibles.
Habría que esperar a otra
Exposición, la del 92, para que el “sueño” de algunos de construir en Sevilla
por encima de la Giralda se hiciera realidad, con el Puente del Centenario y,
ya en nuestros días, con la Torre Pelli.
¿Por qué no se construyó?
Como ya hemos adelantado,
Mira el Betis generó un debate que iba mucho más allá de la conveniencia de
levantar un edificio alto.
Sus promotores defendían que podía proporcionar alojamiento a los visitantes de la Exposición de 1929, impulsar la actividad económica y crear riqueza para el municipio.
Dicho de otro modo: el hotel,
las viviendas y los comercios respondían a una necesidad real, ya que Sevilla debía
prepararse para recibir a miles de visitantes.
Pero antes de poner un ladrillo había que resolver cuestiones administrativas, urbanísticas y estéticas... porque llegó el aluvión de objeciones: la altura respecto a
las ordenanzas, la documentación profesional presentada no llevaba la
firma de un arquitecto español... hasta había serias dudas sobre la disponibilidad de
los terrenos.
También pesaba una
cuestión fundamental: ¿debía una construcción de semejante tamaño integrarse en
la imagen histórica de Sevilla o podía convertirse en una excepción monumental?
La Academia de Bellas Artes se puso especialmente dura. Consideraba que aquello atentaba contra el llamado «estilo sevillano» y llegó a describir la iniciativa en términos de profanación artística…
La discusión era, en el
fondo, la misma que todavía aparece cada vez que se plantea una intervención de
gran escala en una ciudad histórica: cuánto puede cambiar una ciudad sin dejar
de reconocerse a sí misma.
Y el proyecto no llegó a
construirse.
Tras unos tres años de polémica, escritos y prensa, la cosa se fue apagando,
y hacia 1927 Valenzuela pidió que le devolvieran la documentación del
proyecto, planos y memoria incluidos, de los que nunca volvió a saberse nada.
![]() |
| Hotel América Palace, obras de Fernando Guerrero Strachan en la avenida de Málaga, actualmente un bloque de viviendas |
El América Palace y La Aurora: las otras caras de la modernidad sevillana
Que Sevilla rechazara el rascacielos no significa que dejara de tener las
necesidades que lo motivaron y, mucho menos, que dejara de construirse para
resolverlas. Lo que cambió fue el disfraz.
Mientras Mira el Betis se quedaba en el cajón, el Prado de San Sebastián sí acabó acogiendo un hotel pensado para los visitantes de la Expo: el América Palace, de Fernando Guerrero Strachan, de estilo regionalista y nacido del Plan de Alojamientos de 1929.
Sevilla quería alojar a todos los turistas del mundo, pero con
ladrillo, arcos y mucho cuidado de no parecer demasiado moderna.
El hotel nunca llegó a
funcionar como tal y el edificio terminó destinado a viviendas. Frente a la
ciudad vertical y multifuncional imaginada en Mira el Betis, el América Palace
representa una vía más pragmática: adaptar la arquitectura y el programa a las
necesidades de una Sevilla en transformación.
![]() |
| Edificio Aurora, en la Avenida de la Constitución |
Y ocho años después de aquel «no», la Avenida de la Constitución estrenó el Edificio Aurora (1933), de Antonio Illanes del Río a los mismos pies de la Giralda: siete plantas, tono historicista con toques racionalistas y mucho cuidado en no pasarse.
Ahora Sevilla había descubierto que podía subir, siempre que
no se notara demasiado. Lo de crecer, sí; lo de parecer americana, ni hablar.
Tres edificios, una misma idea: la modernidad se aceptaba si venía con
el disfraz puesto.
El América Palace
adaptaba la modernidad a una imagen regionalista; la Aurora introducía una
arquitectura representativa de su época en la avenida monumental; Mira el Betis
proponía cambiar radicalmente la escala del paisaje urbano.
Tres maneras de afrontar
una misma cuestión, y se quedó atrás la más atrevida.
La Sevilla que pudo mirar al Betis desde las alturas
Hoy resulta tentador
imaginar qué habría sucedido si Mira el Betis hubiera dominado el Prado de San
Sebastián.
Habría alterado el perfil
de la ciudad, introducido una escala completamente nueva y anticipado debates
sobre edificios altos, usos mixtos y densidad urbana que en Sevilla adquirirían
otra dimensión décadas después.
Pero tampoco conviene
convertirlo en una solución milagrosa. No sabemos cómo habría funcionado su
modelo económico, qué impacto real habría tenido sobre la ciudad ni si habría
llegado a construirse tal como fue presentado.
Lo que sí sabemos es que
existió una propuesta suficientemente ambiciosa como para abrir una discusión
sobre el futuro urbano de Sevilla.
![]() |
| Recreación de Mira el Betis tomando como referente el Palacio Barolo |
Pero la historia fue tajante: Mira el Betis nunca pasó
del proyecto, la Giralda conservó su protagonismo simbólico y el Prado siguió
otro camino.
Un siglo después, quizá
la pregunta más interesante no sea si el rascacielos habría sido bonito o
espantoso: es preguntarse por qué algunas propuestas de modernidad resultan
fascinantes sobre el papel y casi intolerables cuando amenazan con convertirse
en realidad.







No hay comentarios:
Publicar un comentario
Comentarios: