22 de octubre de 2026

Teatro de las Indias: el proyecto de Aldo Rossi que Sevilla nunca construyó

Un teatro para la Expo 92, inspirado en la Cartuja y Sintra, que terminó convertido en dibujos de archivo.

Idealización del Teatro de las Indias en el Muelle de las Delicias.
Imagen generada con IA.

La Sevilla que todavía iba al cine

A finales de los años ochenta, mientras Sevilla preparaba la Expo 92 y se transformaba a toda velocidad, uno de los arquitectos más reconocidos internacionalmente del momento, el italiano Aldo Rossi, recibió un encargo singular: diseñar un teatro ligado al Guadalquivir. 

Hablamos de una época en que los sevillanos vivían entre dos tiempos. Por un lado seguía siendo la ciudad de los cines del centro, de los teatros históricos y de las salas que habían marcado la vida de varias generaciones; por otro, las obras y proyectos vinculados a la Expo 92 anunciaban una transformación urbana que iba a cambiar por completo la ciudad.

En esa Sevilla que quería presentarse al mundo con una nueva imagen surgió una propuesta cultural que hoy apenas se recuerda: el Teatro de las Indias de Aldo Rossi,  pensado precisamente para el entorno del Guadalquivir y la Expo 92, pero nunca llegó a construirse.

Aldo Rossi: un arquitecto que encontró algo propio en Sevilla

Conviene aclarar que no hablamos de un arquitecto estrella aterrizado en la ciudad para llevarse el cheque…

Aldo Rossi (Milán, 1931-1997) era uno de los arquitectos más prestigiosos del momento, de hecho recibió en 1990 el Premio Pritzker, equivalente al Nobel en arquitectura. Además era un excelente dibujante y, sobre todo, un reputado teórico.

Su relación con Sevilla venía de lejos. Visitó la ciudad en 1975, invitado por el Colegio de Arquitectos, y entabló una estrecha amistad con el arquitecto sevillano Fernando Villanueva Sandino. La relación fue profesional y personal: Rossi regresó en numerosas ocasiones y encontró en la arquitectura sevillana un campo de reflexión para sus ideas.

Le interesaban los patios, las galerías y la vida colectiva de los corrales de vecinos, y encontraba afinidades entre ellos y ciertas viviendas tradicionales de Milán.

De esa mirada surgieron varios proyectos sevillanos que nunca se materializaron, como una propuesta para el Corral del Conde y una intervención en el antiguo convento de Nuestra Señora de los Reyes, algo similar a lo que ya vimos con Ricardo Bofill en su momento: se enamora de Sevilla, se inspira en Sevilla, proyecta para Sevilla…. pero no construye nada en Sevilla.

El Teatro de las Indias se sumaría a esa lista de proyectos frustrados.

Teatro del Mondo, Venecia 1979.
Imagen de Antonio Martinelli

Venecia, Sintra y la Cartuja: las referencias del proyecto

Entre 1979 y 1980, Rossi había diseñado el Teatro del Mundo para la Bienal de Venecia: una construcción teatral temporal y flotante que recorría los canales. Su geometría sencilla y su relación con el agua lo convirtieron en una de sus obras más conocidas, hasta que llegó navegando por el Adriático nada menos que a Dubrovnik para ser desmantelado en 1981.

Pero en Sevilla Rossi no quería repetir aquella fórmula. En sus anotaciones de febrero de 1989 dejó escrito que intentaba diseñar el teatro sevillano olvidando el de Venecia, precisamente porque era la obra que todo el mundo recordaba.

Sus referencias fueron otras: anotó las grandes chimeneas cónicas del Palacio Nacional de Sintra, en Portugal, y las chimeneas de la Cartuja sevillana, formas verticales y reconocibles, capaces de enlazar una composición arquitectónica nueva con lugares cargados de memoria.

Esa manera de trabajar era muy propia de Rossi: no copiaba literalmente un monumento, sino que tomaba formas elementales y asociaciones históricas para darles otro significado. En el proyecto sevillano se sumaba, además, su conocimiento de los corrales de vecinos y de la tradición teatral. 

Chimeneas del Monasterio de la Cartuja,
inspiración de Aldo Rossi. Imagen Wikipedia.

¿Qué iba a ser el Teatro de las Indias?

Así pues Rossi se pone manos a la obra junto a Fernando Villanueva en el contexto de la Expo 92, empezando el edificio a tomar forma en bocetos fechados alrededor de 1989 y que, junto al resto de documentación, hoy se conservan en el Canadian Centre for Architecture, de Montreal.

El Teatro sevillano fue concebido para ser instalado en algún punto junto a la ribera, ligado al paisaje del río . La investigación publicada por el historiador de la arquitectura Victoriano Sainz Gutiérrez lo describe como un proyecto ligado al paisaje del río, pero sin la movilidad sobre el agua de su precedente veneciano.

Las fuentes consultadas no nos han permitido identificar con certeza una ubicación concreta, por lo que lo más riguroso sería decir que se proyectó junto al río sin señalar un lugar exacto, ya que carecemos de respaldo documental. Lo importante es que el agua formaba parte del contexto urbano del proyecto, aunque el teatro no fuese una estructura flotante.

Tampoco es posible afirmar con seguridad cuál habría sido su aforo, su distribución definitiva o el programa exacto de espectáculos, ya que lo conservado son croquis y documentación de una fase preliminar, no un proyecto de ejecución completo.

Boceto de Aldo Rossi del Teatro de las Indias

¿Por qué nunca se construyó?

No existe una explicación única y definitiva, ni se ha localizado el papel que diga «se cancela por X». Lo que la investigación académica reconstruye es una suma de contratiempos:

•        Burocracia y agenda saturada. En sus cuadernos de febrero de 1989, Rossi anotó que el largo trámite burocrático y la acumulación de otros encargos le habían hecho casi olvidar el proyecto sevillano. En octubre de ese año aún decía que tenía que terminar de darle forma... sobra decir que un proyecto que su propio autor casi olvida no tiene buen pronóstico.

•        La enfermedad de Fernando Villanueva. Sus problemas de salud se agravaron desde la primavera de 1990 y murió en enero de 1992, pocos meses antes de la inauguración de la Expo. Volviendo otra vez a Victoriano Sainz Gutiérrez, el historiador considera que su enfermedad y fallecimiento contribuyeron decisivamente a que la propuesta no saliera adelante.

Así pues, sumando factores, el proyecto no llegó a convertirse en un edificio definitivo, ni siquiera en un proyecto: no hubo teatro inaugurado, ni escenario, ni público, y se quedó en la fase de croquis y documentación. 

Quedó la idea: el sueño de Aldo Rossi para el Río de Sevilla.

Idealización del Teatro de las Indias, ahora en
el entorno del Puente de la Barqueta. 
Imagen generada con IA.

La Sevilla que pudo ser

El Teatro de las Indias pertenece a una historia menos visible de la Expo 92: la de los proyectos que se pensaron para transformar la ciudad y acabaron desapareciendo antes de materializarse.

No podemos saber si habría sido un éxito de público ni cómo habría envejecido su arquitectura. Tampoco conviene convertir automáticamente todo proyecto perdido en una obra maestra. Pero sí habría supuesto incorporar a la ribera sevillana una propuesta concebida específicamente para la ciudad por un arquitecto de relevancia internacional.

Rossi no pretendía plantar en Sevilla una copia de Venecia. Miró a Sintra, a las chimeneas de la Cartuja, a la memoria de los edificios sevillanos y a su relación con el río. Quería hacer algo nuevo a partir de referencias locales.

Al final, mientras la Sevilla de 1992 inauguraba nuevos equipamientos y se preparaba para recibir al mundo, el Teatro de las Indias se quedó en unos dibujos conservados en Canadá. Otro edificio que la ciudad pudo tener y que nunca llegó a formar parte de su paisaje.

Porque la historia urbana de Sevilla no está hecha solamente de lo que se construyó. También la forman los proyectos que se anunciaron, se dibujaron y se quedaron esperando en un cajón.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Comentarios:

¿Te ha parecido interesante? Compártelo