Ante las muchas dudas y preguntas que ha suscitado el arroyo Tagarete y todo lo relacionado con éste, he realizado esta entrada con el fin de que conozcamos un poco mejor la historia y desventuras de este “hermano menor” del Guadalquivir que aún hoy sigue dando guerra por la zona Norte de Sevilla, aunque con otra cara e incluso otro nombre.
Procedente de la comarca de los Alcores, el arroyo Miraflores cambiaba su nombre por Tagarete en las inmediaciones de la capital para establecer su flanco oriental y desembocar junto a lugar donde hoy se asienta la Torre del Oro; algo parecido pasaba con otro arroyo hermano de éste, el Ranillas, que cambiaba su nombre por Tamarguillo para desembocar un poco mas abajo que el Tagarete.
Sevilla por tanto se reducía a los ejes Mateos Gago-Santa Catalina y Puerta de Carmona-El Salvador, ejes que conformarían las dos calles principales de la Híspalis romana, el Cardo y el Decumano, cuyo foro se ha situado tradicionalmente en la Alfalfa (aunque los descubrimientos de los depósitos en la Plaza de la Pescadería han puesto en duda esta hipótesis).
Como anécdotas, el brazo Barqueta – García de Vinuesa tenía un puente de entrada en la ciudad que estaba situado en la mismísima plaza de La Campana y por el que se accedía a la plaza del Duque.
Cuenta la tradición que este cauce fue secado por el rey godo Leovigildo durante el cerco al que sometió a la ciudad para castigar a su hijo Hermenegildo cuando este abrazó el cristianismo y se sublevó.
Fuera por obra y gracia de los godos o simplemente por caprichos de la propia naturaleza, la verdad es que la desaparición de estos dos cauces fluviales en la ciudad hacía que un vasto territorio entre ésta y el río quedase desierto y abandonado, a merced de las crecidas y debilitando todo el flanco occidental en caso de un hipotético ataque, como los que protagonizaron los vikingos en los años 844 y 859, que la arrasaron hasta casi reducirla a cenizas.
Una vez aprendida la lección y ante esta fragilidad defensiva avivada por el miedo al empuje de los cristianos del Norte, los habitantes de Isbilya ampliaron el recinto amurallado y por consiguiente la ciudad hasta los límites que podríamos considerar clásicos y que apenas serían alterados hasta el siglo XIX.
De esta forma, se ocupó todo el flanco occidental hasta la calle Torneo actual, creándose barrios como San Vicente, San Lorenzo, Macarena; aumentándose la zona portuaria de la ciudad hasta la Barqueta, lo cual permitió aumentar el puerto y fabricar unas atarazanas que situaron los abbadíes (familia taifa a la que perteneció Almutamid) por San Vicente; mientras que las dos zonas que quedaban por debajo del nivel del Guadalquivir, la actual Alameda y la Pajería, se convertían en los terrenos insalubres y malditos por excelencia hasta su desecación varios siglos mas tarde.
Sin embargo el flanco oriental de la ciudad apenas sufriría modificaciones, manteniéndose en parte en trazado romano y ampliándose hasta adaptarse prácticamente al Tagarete, que seguiría siendo el límite por esta zona.
Tan sólo se traspasaría esta frontera en los históricos arrabales de San Bernardo, San Roque y La Calzada, que se asentaron en los alrededores del arroyo.
El cauce del Tagarete discurría por la actual calle Arroyo, donde tenía dos alcantarillas o puentes, el del Burón y el de la Trinidad; de allí seguía por la zona de Amador de los Ríos hasta el cruce de la avenida Mata Carriazo con Eduardo Dato, donde coincidiendo con los Caños de Carmona se encontraba la alcantarilla de las Madejas, la mas famosa quizás y de la que nos han llegado fotos. Mas abajo se encontraba la de San Bernardo, a continuación la del Ganado (por la cercanía del Matadero y del Prado de San Sebastián, lugar donde pastaban las reses); después bajaba hasta la Plaza de don Juan de Austria, donde estaba la alcantarilla Nueva, para girar por la calle San Fernando hasta la Puerta de Jerez, donde se encontraba un nuevo puente. Desde allí hasta la Torre del Oro, donde desembocaba, había tres alcantarillas más que hacían posible el tránsito entre el Arenal y el barrio del Rey de Marruecos, actual entorno de San Telmo.
Este discurrir del Tagarete a través de la Sevilla extramuros explica bastantes aspectos de la actual fisonomía de la ciudad, como por ejemplo nombres de calles, la propia existencia de éstas y, curiosamente, que el foso de la antigua Fábrica de Tabacos, hoy Universidad y que tantas veces acogió según cuenta otra leyenda mas moderna el coche de Rinat Dassaev, esté situado tan solo en tres lados de la misma; esto se debe a que el cuarto lado, el que da a la calle San Fernando, era el propio Tagarete, que completaba dicho perímetro hasta que fue entubado a mediados del siglo XIX.
Este desvío permitía liberar el suelo ocupado por el cauce del arroyo y surgieron calles como Arroyo y todas las mencionadas anteriormente.
Poco mas de 30 años después, en la década de los 60, se modificarían por última vez los cauces de los arroyos, separándose otra vez el Tagarete del Tamarguillo y dirigiéndose hacia el Norte a través de lo que, curiosamente, hoy conocemos como Canal del Tamarguillo. De esta forma se volvieron a liberar terrenos que fueron colmatados para formar la actual Ronda del Tamarguillo.
Además, en el Parque de Miraflores se ha recuperado un pequeño tramo del cauce de este arroyo junto a una de las alcantarillas que lo sorteaban, que ha sido restaurada y cuyas fotografías espero colgar este fin de semana para completar la entrada.
De todas formas, la mayor parte de las aguas del Tagarete discurren por el borde Norte de la ciudad, conformando de nuevo uno de los límites de la misma como ha sido siempre a lo largo de su historia, aunque tenga el nombre cambiado.
La entrada de todas formas la completaré este fin de semana con algunas fotos de lo que aún hoy se puede ver del Tagarete y de lo que en su momento veían nuestros abuelos.

