Sevilla, finales de los 50.
En algún lugar
del cuadrante norte de la ciudad, un fotógrafo capta un paisaje en plena
transformación, casi que podríamos decir “vivo”.
El centenario
cinturón de huertas que rodeaba la ciudad y el reguero de fábricas que desde
hacía décadas se habían implantado en sus principales vías de acceso están en
proceso de desaparición para dejar paso a nuevos barrios e infraestructuras:
Sevilla se estaba llevando por delante su propia historia para escribir su
presente.
En primer
plano, casi que recién estrenada, se alza impoluta la barriada de Pío XII (01)
y a su lado el Retiro Obrero (02). Al fondo aparecen los boques de pisos de San
José Obrero (03).
Entre ambos
barrios, se intercalan industrias y fábricas como la de Vidrios de la Trinidad(04), la de corcho de Armstrong Corck Company (05), la destilería de Bordas
Chinchurreta (06), y huertas (o lo que queda de ellas), como la de San
Francisco (07) , donde ya han desaparecido Villa Natividad y su estanque, la
del Saetillo (08) o la de San Gregorio (09).
Pero en esta
entrada no nos interesa, tomando prestada la idea del Cuento de Navidad de Charles Dickens, ni
la Sevilla del Pasado que se está yendo ni la Sevilla del Futuro que está llegando,
sino precisamente lo que está entre ambas.
Y es que hay
dos pequeños núcleos de casitas bajas y blancas, el Fontanal (10) y Árbol Gordo
(11), que aparecen en la imagen casi como anécdota, como si no quisieran llamar
la atención, cuando posiblemente sean lo más importante, ya que no solo son
testigos de esa transformación: es que sin ellos no podría explicarse.
Al primero le
dedicaremos una próxima entrada, porque hoy hablaremos de Árbol Gordo.
Árbol Gordo, el barrio que nació porque la gente tenía que vivir
Ni más ni menos: este
barrio no nace de ninguna planificación urbanística, ni del estudio de alguno
de los arquitectos estrella de la Sevilla de la época, ni de una promoción del
Patronato… surge por algo tan elemental como básico: porque la gente necesitaba
un sitio donde vivir.
Primero fue una
huerta. Luego se parceló. Después llegaron las casas. Las calles, tarde. El
agua, muchísimo más tarde. Y el alcantarillado tuvo que esperar a una de las
mayores riadas de la historia de Sevilla, porque como ya sabemos aquí nadie se
acuerda de Santa Bárbara…
Árbol Gordo surge
de una manera muy sevillana y, posiblemente, la más antigua de hacer ciudad:
sin hacerla.
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| Plano del Ensanche de Sevilla, 1928. Árbol Gordo es aún una huerta a los pies de la carretera de Carmona; sí aparece ya la barriada de El Fontanal |
La Huerta de Navojordo
El nombre de Árbol
Gordo es bastante más antiguo que el barrio.
Ya en el plano
de la periferia sevillana de Manuel Spínola, de 1827, aparece una huerta
llamada Navojordo o Navo Gordo, dentro del cinturón de espacios agrícolas que
rodeaban la ciudad por el norte y el nordeste; por suerte (no hace falta
aclarar nada…), con el tiempo el nombre fue evolucionando hasta quedarse en
Árbol Gordo.
Esto es
importante porque Árbol Gordo pertenece a una familia de barrios cuyo nombre
conserva el de la explotación agrícola que desapareció bajo las viviendas: El
Fontanal, La Barzola, La Corza, etc.
La Huerta de
Árbol Gordo aún aparece cien años después en el plano del Ensanche de Sevilla
de 1928 que acompaña estas líneas, señalando la documentación analizada que era
propiedad de Pedro Muguruza Otano.
Pero no durará mucho tiempo, de hecho en esa misma época ya estaba en proceso de desaparición la huerta, con la casa de Pedro, con su estanque y, si aún quedaba algo, con su
Árbol Gordo.
¿Y por qué nació aquí el barrio?
La respuesta
está, principalmente, en la carretera de Carmona, la avenida de Miraflores y en la transformación
industrial de esta zona de Sevilla durante las primeras décadas del siglo XX.
Alrededor de
ese eje se instalaron como vimos antes fábricas, almacenes y otras actividades
industriales. Industria y vivienda, pared con pared: el sitio lógico para quien
llegaba a Sevilla buscando trabajo.
La fórmula
era sencilla: las fábricas necesitan trabajadores que necesitan viviendas y
si pueden ser en parcelas baratas mejor y si encima pueden hacerlas ellos, pues
mejor aún.
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| Fábrica de Vidrios de la Trinidad en 2008, una de las industrias que se ubicaron en la zona de huertas del norte de Sevilla |
En un momento
dado la huerta de Árbol Gordo se parcela, bien porque alguien tuvo una gran
visión de futuro, bien por necesidad o vaya usted a saber, pero lo cierto es
que en 1926 hay un permiso de parcelación y desde ese momento comienzan a
venderse solares y las familias a construir, dato importante, al
margen del control municipal.
Ojo, como la
mayor parte de Sevilla hasta entonces; de hecho un estudio sobre los barrios de
autoconstrucción de la ciudad señala este tipo de crecimiento como una de las
claves de su expansión periférica de la ciudad. Árbol Gordo encaja en ese
modelo como un guante. Un guante hecho a mano, eso sí.
Porque Árbol
Gordo había nacido sin calles correctamente trazadas, sin rasantes, agua,
alcantarillado ni servicios urbanos, mientras cada propietario construía la
vivienda según sus posibilidades económicas.
Que usted
necesitaba agua, perforaba un pozo. Que necesitaba saneamiento, abría un pozo
ciego. Que necesitaba luz, a buscar un poste…
El barrio empieza así a adquirir una de sus características fundamentales: no se trata de una promoción unitaria diseñada y construida simultáneamente, sino de una suma progresiva de viviendas individuales.
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| Ortofoto de Sevilla de 1944; en breve el cinturón de huertas desaparecerá para dar paso a nuevas barriadas. |
1945: nueve calles, 259 parcelas… y ningún nombre
Como podemos ver en la ortofoto, Árbol Gordo ya no era
simplemente una parcelación rural.
En 1940 aparece
entre las barriadas sevillanas que carecían de buena parte de los servicios
urbanos básicos, como ya hemos comentado y como era de esperar.
Pero hay un
dato clave: para entonces Árbol Gordo ya no era una simple agrupación dispersa
de casas. El plano de Ensanche de 1945 bajo estas líneas muestra nueve calles y 259 parcelas según la documentación
del Diccionario Histórico de las Calles de Sevilla.
Paradójicamente
las calles existían, los vecinos vivían en ellas y las casas estaban
levantadas… pero los nombres no estaban rotulados oficialmente. Hubo que
esperar hasta 1950.
Árbol Gordo
llevaba años siendo un barrio. Solo le faltaba que la administración se
enterara.
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| Plano del Ensanche de Sevilla, 1945. El barrio de Árbol Gordo ya ha colmatado por completo la antigua huerta. |
1948: el Ayuntamiento "descubre" el barrio después de una riada
Y llegamos a
uno de los momentos más jugosos de toda esta historia.
Enero de 1948.
Tras una gran inundación, el arquitecto municipal Alfonso Toro Buiza se acerca a
la zona y elabora un informe sobre la situación de la barriada.
El diagnóstico
no deja mucho margen a la interpretación: la barriada había sido levantada sin planificación y denunciaba
la ausencia de pavimentación, alcantarillado, agua y alumbrado. Describía
además viviendas de mala construcción, hacinamiento, distribución deficiente y
mala ventilación... y urgía tomar medidas al respecto.
De nuevo otra
paradoja: la Administración había permitido que el asentamiento creciera para acabar
denunciando, cuando llegó la riada, las consecuencias de haberlo dejado crecer
sin urbanización.
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| Niños jugando entre las calles anegadas de Sevilla. Fuente: La Razón |
1961: y otra vez el agua…
No fue un caso aislado la riada de 1948, ya que Árbol Gordo había conocido por desgracia en su aún corta existencia otras
inundaciones, pero el 25 de noviembre de 1961 fue distinto. Para el barrio y
para toda Sevilla.
Ese día el
Tamarguillo desbordó las defensas y sus aguas alcanzaron rápidamente distintas
zonas de la ciudad: entre las cuatro y las siete de la tarde, el agua llegó a
alcanzar entre uno y dos metros en algunos puntos.
La corriente
que rompió el muro del Tamarguillo se precipitó primero sobre La Corza y Árbol
Gordo y desde allí se abrió hacia el resto de la ciudad.
El agua que
llevaban décadas esperando agua llegó, pero de la peor manera posible:
arrasándolo todo.
1962: tras la riada, por fin, las tuberías
Y de nuevo otra
paradoja: la gran riada trajo una consecuencia que los vecinos llevaban décadas
esperando.
En mayo de 1962
se publicó en el BOE la aprobación del proyecto de canalización del agua y
alcantarillado para Árbol Gordo, Miraflores y Los Carteros.
Habían pasado
36 años desde la parcelación.
Para que la
administración cumpliera lo que el barrio llevaba años pidiendo hizo
falta una tragedia. Como vemos, en temas burocráticos pocas cosas han cambiado..
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| Con San José Obrero en primer plano, Árbol Gordo aparece aún rodeado de huertas. Fuente: El Coro de los Grillos |
Y la ciudad empezó a crecer alrededor..
Mientras Árbol
Gordo había crecido desde abajo, por autoconstrucción, a finales de los años
cincuenta el entorno comenzó a recibir grandes promociones públicas de
vivienda.
Aún quedan huertas, algunas ya abandonadas presagiando su final, como Cisneros Alto (07), La Corza (08), Joya Chica (09), San Gregorio (10) o el Saetillo (11).
Y también está aún en pie la fábrica de corchos (05) y la Destilería de Bordas Chinchurreta (06), que sobreviviría hasta los años 90.
1971: todavía quedaban 13 chabolas
La ciudad
crecía deprisa y el paisaje comenzaba a cambiar para siempre... y
los antiguos barrios de autoconstrucción quedaron progresivamente rodeados por nuevos polígonos residenciales como
testigos silenciosos para dar testimonio de la ciudad que se iba y la que
llegaba, sobreviviendo como islas dentro de esa nueva Sevilla.
Tanto es así
que en 1971, más de cuatro décadas después del inicio de la parcelación,
todavía quedaban 13 chabolas en la calle Vicente Alanís.
Acabarían
siendo erradicadas, pero la cifra da la medida de lo lento que fue el proceso
de transformación desde la infravivienda hacia el barrio urbano consolidado.
1977: los vecinos dejan de pedir y empiezan a exigir
Hasta que llegó la
Transición y con ella, otra actitud vecinal.
El 29 de agosto
de 1977 quedó registrada la asociación Vecinos San Fernando de Árbol Gordo y unos
meses después, junto a los de otros barrios limítrofes, se sentaron ante el
Ayuntamiento para protestar por las tasas de recogida de basuras. La
movilización la recogió El País el 19 de noviembre de 1977.
Los vecinos que durante décadas habían sufrido la falta de agua corriente, habían vivido entre calles sin urbanizar, habían aguantado viviendas precarias y habían padecido los estragos de las inundaciones, estaban ahora estaban delante del Ayuntamiento exigiendo derechos. Árbol Gordo no solo era un barrio: ya tenía conciencia de barrio.
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| La barriada de Árbol Gordo en nuestros días |
1978: otro incendio vuelve a movilizar al barrio
Y tuvo que
llegar otra desgracia para que la gente se uniera: un incendio en la destilería
Bordas Chinchurreta, de la que antes hablamos, volvió a poner sobre la mesa los
problemas del entorno, de forma que se creó la Asociación de Vecinos ElTriángulo aglutinando ahora a todas las barriadas de la zona.
La movilización
vecinal pedía cosas que hoy nos parecen normales: industria fuera del casco
urbano, mejores accesos, semáforos, acerados y pavimentación.. pero que entonces
distaban bastante de la realidad. Su realidad.
La fábrica se
trasladó en los años 90 con sus ruidos y, sobre todo, sus olores, esos que a
media tarde quitaban las ganas de comer a los que volvíamos del instituto, y en
su lugar se levanta hoy La Rosaleda.
¿Qué queda de aquel Árbol Gordo?
Mucho más de lo
que parece.
Las casas de una y dos plantas. El trazado de las calles. La escala del barrio. Su relación con la carretera de Carmona y la calle Arroyo. Y, sobre todo, la memoria de quienes vivieron allí.
Un paseo por sus calles nos deja observar rasgos que permiten reconocer el antiguo asentamiento dentro de una ciudad profundamente transformada.
Hoy las calles
están asfaltadas, el barrio está integrado en la ciudad y alrededor se ha
levantado una Sevilla completamente distinta a la que rodeaba esa vieja huerta
que se parceló hace ahora un siglo, pero es imposible entender esos cambios sin
conocer la historia de aquellas casas que dieron forma a Árbol Gordo.
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