8 de octubre de 2026

Árbol Gordo: de la Sevilla de las huertas a la Sevilla de los barrios

Sevilla, finales de los 50.

En algún lugar del cuadrante norte de la ciudad, un fotógrafo capta un paisaje en plena transformación, casi que podríamos decir “vivo”.

El centenario cinturón de huertas que rodeaba la ciudad y el reguero de fábricas que desde hacía décadas se habían implantado en sus principales vías de acceso están en proceso de desaparición para dejar paso a nuevos barrios e infraestructuras: Sevilla se estaba llevando por delante su propia historia para escribir su presente.

Finales de los años 50.
 Con Pío XII en primer plano, Árbol Gordo aparece todavía
rodeado por huertas, fábricas y caminos mientras las nuevas
barriadas comienzan a cambiar para siempre el paisaje de Sevilla.

En primer plano, casi que recién estrenada, se alza impoluta la barriada de Pío XII (01) y a su lado el Retiro Obrero (02). Al fondo aparecen los boques de pisos de San José Obrero (03).

Entre ambos barrios, se intercalan industrias y fábricas como la de Vidrios de la Trinidad(04), la de corcho de Armstrong Corck Company (05), la destilería de Bordas Chinchurreta (06), y huertas (o lo que queda de ellas), como la de San Francisco (07) , donde ya han desaparecido Villa Natividad y su estanque, la del Saetillo (08) o la de San Gregorio (09).

Pero en esta entrada no nos interesa, tomando prestada la idea del Cuento de Navidad de Charles Dickens, ni la Sevilla del Pasado que se está yendo ni la Sevilla del Futuro que está llegando, sino precisamente lo que está entre ambas.

Y es que hay dos pequeños núcleos de casitas bajas y blancas, el Fontanal (10) y Árbol Gordo (11), que aparecen en la imagen casi como anécdota, como si no quisieran llamar la atención, cuando posiblemente sean lo más importante, ya que no solo son testigos de esa transformación: es que sin ellos no podría explicarse.

Al primero le dedicaremos una próxima entrada, porque hoy hablaremos de Árbol Gordo.

Árbol Gordo, el barrio que nació porque la gente tenía que vivir

Ni más ni menos: este barrio no nace de ninguna planificación urbanística, ni del estudio de alguno de los arquitectos estrella de la Sevilla de la época, ni de una promoción del Patronato… surge por algo tan elemental como básico: porque la gente necesitaba un sitio donde vivir.

Primero fue una huerta. Luego se parceló. Después llegaron las casas. Las calles, tarde. El agua, muchísimo más tarde. Y el alcantarillado tuvo que esperar a una de las mayores riadas de la historia de Sevilla, porque como ya sabemos aquí nadie se acuerda de Santa Bárbara…

Árbol Gordo surge de una manera muy sevillana y, posiblemente, la más antigua de hacer ciudad: sin hacerla.

Plano del Ensanche de Sevilla, 1928.
Árbol Gordo es aún una huerta a los pies de
la carretera de Carmona; sí aparece ya la barriada de El Fontanal

La Huerta de Navojordo

El nombre de Árbol Gordo es bastante más antiguo que el barrio.

Ya en el plano de la periferia sevillana de Manuel Spínola, de 1827, aparece una huerta llamada Navojordo o Navo Gordo, dentro del cinturón de espacios agrícolas que rodeaban la ciudad por el norte y el nordeste; por suerte (no hace falta aclarar nada…), con el tiempo el nombre fue evolucionando hasta quedarse en Árbol Gordo.

Esto es importante porque Árbol Gordo pertenece a una familia de barrios cuyo nombre conserva el de la explotación agrícola que desapareció bajo las viviendas: El Fontanal, La Barzola, La Corza, etc.

La Huerta de Árbol Gordo aún aparece cien años después en el plano del Ensanche de Sevilla de 1928 que acompaña estas líneas, señalando la documentación analizada que era propiedad de Pedro Muguruza Otano.

Pero no durará mucho tiempo, de hecho en esa misma época ya estaba en proceso de desaparición la huerta, con la casa de Pedro, con su estanque y, si aún quedaba algo, con su Árbol Gordo.

¿Y por qué nació aquí el barrio?

La respuesta está, principalmente, en la carretera de Carmona, la avenida de Miraflores y en la transformación industrial de esta zona de Sevilla durante las primeras décadas del siglo XX.

Alrededor de ese eje se instalaron como vimos antes fábricas, almacenes y otras actividades industriales. Industria y vivienda, pared con pared: el sitio lógico para quien llegaba a Sevilla buscando trabajo.

La fórmula era sencilla: las fábricas necesitan trabajadores que necesitan viviendas y si pueden ser en parcelas baratas mejor y si encima pueden hacerlas ellos, pues mejor aún.

Fábrica de Vidrios de la Trinidad en 2008, una de las industrias
que se ubicaron en la zona de huertas del norte de Sevilla

1926: la huerta se convierte en parcelas

En un momento dado la huerta de Árbol Gordo se parcela, bien porque alguien tuvo una gran visión de futuro, bien por necesidad o vaya usted a saber, pero lo cierto es que en 1926 hay un permiso de parcelación y desde ese momento comienzan a venderse solares y las familias a construir, dato importante, al margen del control municipal.

Ojo, como la mayor parte de Sevilla hasta entonces; de hecho un estudio sobre los barrios de autoconstrucción de la ciudad señala este tipo de crecimiento como una de las claves de su expansión periférica de la ciudad. Árbol Gordo encaja en ese modelo como un guante. Un guante hecho a mano, eso sí.

Porque Árbol Gordo había nacido sin calles correctamente trazadas, sin rasantes, agua, alcantarillado ni servicios urbanos, mientras cada propietario construía la vivienda según sus posibilidades económicas.

Que usted necesitaba agua, perforaba un pozo. Que necesitaba saneamiento, abría un pozo ciego. Que necesitaba luz, a buscar un poste…

El barrio empieza así a adquirir una de sus características fundamentales: no se trata de una promoción unitaria diseñada y construida simultáneamente, sino de una suma progresiva de viviendas individuales.

Ortofoto de Sevilla de 1944; en breve el cinturón de huertas
desaparecerá para dar paso a nuevas barriadas. 

No es un caso único, como podemos comprobar en la ortofoto de 1944 de la página de la GMU; junto a Árbol Gordo (01) aparecen otros barrios de origen similar como El Fontanal (02), Miraflores (04) o La Corza (05).
Solo el Retiro Obrero (03) puede encuandrarse dentro de una planificación urbanística más regulada.
Detalle curioso, la Destilería Bordas Chinchurreta aún es una Huerta, la de Santa María (06).

1945: nueve calles, 259 parcelas… y ningún nombre

Como podemos ver en la ortofoto, Árbol Gordo ya no era simplemente una parcelación rural.

En 1940 aparece entre las barriadas sevillanas que carecían de buena parte de los servicios urbanos básicos, como ya hemos comentado y como era de esperar.

Pero hay un dato clave: para entonces Árbol Gordo ya no era una simple agrupación dispersa de casas. El plano de Ensanche de 1945 bajo estas líneas muestra nueve calles y 259 parcelas según la documentación del Diccionario Histórico de las Calles de Sevilla.

Paradójicamente las calles existían, los vecinos vivían en ellas y las casas estaban levantadas… pero los nombres no estaban rotulados oficialmente. Hubo que esperar hasta 1950.

Árbol Gordo llevaba años siendo un barrio. Solo le faltaba que la administración se enterara.

Plano del Ensanche de Sevilla, 1945.
El barrio de Árbol Gordo ya ha colmatado
 por completo la antigua huerta. 

1948: el Ayuntamiento "descubre" el barrio después de una riada 

Y llegamos a uno de los momentos más jugosos de toda esta historia.

Enero de 1948. Tras una gran inundación, el arquitecto municipal Alfonso Toro Buiza se acerca a la zona y elabora un informe sobre la situación de la barriada.

El diagnóstico no deja mucho margen a la interpretación: la barriada había sido levantada sin planificación y denunciaba la ausencia de pavimentación, alcantarillado, agua y alumbrado. Describía además viviendas de mala construcción, hacinamiento, distribución deficiente y mala ventilación... y urgía tomar medidas al respecto.

De nuevo otra paradoja: la Administración había permitido que el asentamiento creciera para acabar denunciando, cuando llegó la riada, las consecuencias de haberlo dejado crecer sin urbanización.

Niños jugando entre las calles anegadas de Sevilla.
Fuente: La Razón 

1961: y otra vez el agua…

No fue un caso aislado la riada de 1948, ya que Árbol Gordo había conocido por desgracia en su aún corta existencia otras inundaciones, pero el 25 de noviembre de 1961 fue distinto. Para el barrio y para toda Sevilla.

Ese día el Tamarguillo desbordó las defensas y sus aguas alcanzaron rápidamente distintas zonas de la ciudad: entre las cuatro y las siete de la tarde, el agua llegó a alcanzar entre uno y dos metros en algunos puntos.

La corriente que rompió el muro del Tamarguillo se precipitó primero sobre La Corza y Árbol Gordo y desde allí se abrió hacia el resto de la ciudad.

El agua que llevaban décadas esperando agua llegó, pero de la peor manera posible: arrasándolo todo.

1962: tras la riada, por fin, las tuberías

Y de nuevo otra paradoja: la gran riada trajo una consecuencia que los vecinos llevaban décadas esperando.

En mayo de 1962 se publicó en el BOE la aprobación del proyecto de canalización del agua y alcantarillado para Árbol Gordo, Miraflores y Los Carteros.

Habían pasado 36 años desde la parcelación.

Para que la administración cumpliera lo que el barrio llevaba años pidiendo hizo falta una tragedia. Como vemos, en temas burocráticos pocas cosas han cambiado..

Con San José Obrero en primer plano,
Árbol Gordo aparece aún rodeado de huertas.
Fuente: El Coro de los Grillos

Y la ciudad empezó a crecer alrededor..

Mientras Árbol Gordo había crecido desde abajo, por autoconstrucción, a finales de los años cincuenta el entorno comenzó a recibir grandes promociones públicas de vivienda.
En esa época encuadramos la imagen sobre estas líneas, donde los barrios de Árbol Gordo (01) y Miraflores (02) conviven ya con los bloques de pisos de San José Obrero (03) y Pío XII (04).
Aún quedan huertas, algunas ya abandonadas presagiando su final, como Cisneros Alto (07), La Corza (08),  Joya Chica (09), San Gregorio (10) o el Saetillo (11).
Y también está aún en pie la fábrica de corchos (05) y la Destilería de Bordas Chinchurreta (06), que sobreviviría hasta los años 90.

1971: todavía quedaban 13 chabolas

La ciudad crecía deprisa y el paisaje comenzaba a cambiar para siempre... y los antiguos barrios de autoconstrucción quedaron progresivamente rodeados por nuevos polígonos residenciales como testigos silenciosos para dar testimonio de la ciudad que se iba y la que llegaba, sobreviviendo como islas dentro de esa nueva Sevilla.

Tanto es así que en 1971, más de cuatro décadas después del inicio de la parcelación, todavía quedaban 13 chabolas en la calle Vicente Alanís.

Acabarían siendo erradicadas, pero la cifra da la medida de lo lento que fue el proceso de transformación desde la infravivienda hacia el barrio urbano consolidado.

1977: los vecinos dejan de pedir y empiezan a exigir

Hasta que llegó la Transición y con ella, otra actitud vecinal.

El 29 de agosto de 1977 quedó registrada la asociación Vecinos San Fernando de Árbol Gordo y unos meses después, junto a los de otros barrios limítrofes, se sentaron ante el Ayuntamiento para protestar por las tasas de recogida de basuras. La movilización la recogió El País el 19 de noviembre de 1977.

Los vecinos que durante décadas habían sufrido la falta de agua corriente, habían vivido entre calles sin urbanizar, habían aguantado viviendas precarias y habían padecido los estragos de las inundaciones, estaban ahora estaban delante del Ayuntamiento exigiendo derechos. Árbol Gordo no solo era un barrio: ya tenía conciencia de barrio.

La barriada de Árbol Gordo en nuestros días

1978: otro incendio vuelve a movilizar al barrio

Y tuvo que llegar otra desgracia para que la gente se uniera: un incendio en la destilería Bordas Chinchurreta, de la que antes hablamos, volvió a poner sobre la mesa los problemas del entorno, de forma que se creó la Asociación de Vecinos ElTriángulo aglutinando ahora a todas las barriadas de la zona.

La movilización vecinal pedía cosas que hoy nos parecen normales: industria fuera del casco urbano, mejores accesos, semáforos, acerados y pavimentación.. pero que entonces distaban bastante de la realidad. Su realidad.

La fábrica se trasladó en los años 90 con sus ruidos y, sobre todo, sus olores, esos que a media tarde quitaban las ganas de comer a los que volvíamos del instituto, y en su lugar se levanta hoy La Rosaleda. 

¿Qué queda de aquel Árbol Gordo?

Mucho más de lo que parece.

Las casas de una y dos plantas. El trazado de las calles. La escala del barrio. Su relación con la carretera de Carmona y la calle Arroyo. Y, sobre todo, la memoria de quienes vivieron allí.

Un paseo por sus calles nos deja observar rasgos que permiten reconocer el antiguo asentamiento dentro de una ciudad profundamente transformada.

Hoy las calles están asfaltadas, el barrio está integrado en la ciudad y alrededor se ha levantado una Sevilla completamente distinta a la que rodeaba esa vieja huerta que se parceló hace ahora un siglo, pero es imposible entender esos cambios sin conocer la historia de aquellas casas que dieron forma a Árbol Gordo.


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