Son dos las calles sevillanas con el nombre de San Diego.
La más popular discurre paralela a Arfe en el viejo arrabal de la Carretería, muy cerca del Postigo del Aceite.
La otra, un callejón sin salida, apenas es conocida, de hecho podría incluso decirse que ha sido olvidada, a pesar de encontrarse en la plaza de Los Venerables, en pleno corazón del barrio de Santa Cruz y a escasos metros de la casa en la que, según cuenta la tradición, naciera don Juan Tenorio.
Desapercibida entre veladores de restaurantes, delantales de flamenca, colecciones de postales e hileras de turistas ávidos por captar hasta el último detalle de la fiesta de los sentidos que se abre ante sus ojos en la antigua Judería, esta estrecha y sombría callejuela, posiblemente resto olvidado de algún viejo adarve musulmán, guarda una historia tan fascinante como trágica, ya que era el único punto por el que se podía acceder al lugar donde se celebraban los duelos a muerte en la Sevilla del Setecientos: la Plaza de los Desafíos.




